“Hablo de cómo funciona la gente cuando tiene el ego grande, incluidos nosotros”

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Es la cuarta entrega de una saga detectivesca, la de Valentina Negro y Javier Sanjuán, que esta vez explora lo que fluye por las tripas y no es tan trepidante como las anteriores. Lo dice la coruñesa Nieves Abarca, que vuelve a tender la mano hacia el Levante. Allí, se la coge una segunda pluma, Vicente Garrido, y juntos bailan sobre los muertos que viajan deprisa. 
En este caso, aparecen en dos semanas negras, la de Gijón y una ficticia con A Coruña como epicentro. La autora explica que en la ensalada de personajes entran no solo los expertos en escribir historias de suspense, sino también los críticos literarios y periodistas, “que acuden a diferentes actos y mesas redondas” y en el mismo tren que lleva al evento asturiano a los escritores, sitúan al primer muerto: “En la primera página ya se descubre”. 
Sin embargo, hay un segundo con prefijo 981 y la ciudad vuelve a ser soporte de una trama que se desarrolla entre locales como La Barbería o la cervecería La Marina: “Le pongo el nombre y los apellidos a todos los puntos por los que pasan”. En este sentido, el lector coruñés lo agradece porque se puede imaginar en el mismo escenario del crimen, en el bar donde queda con su gente o en el tramo de paseo por el que se ventila. 
Aunque A Coruña es el telón de fondo, también salen a la pista otras localizaciones como Madrid, “donde hacen un par de escapadas” y Urueña, una localidad vallisoletana “digna de ver”, toda amurallada. Nieves y Vicente colocan puntos suspensivos en el hotel Riazor y la investigación se torna culta. Transcurre entre letras y Abarca compara el resultado con la forma de presentar de Agatha Christie en “10 negritos”. 
La primera muerta “es un poetisa muy joven” en el “chacachá” de un tren con destino a un universo de autores, admiradores y detractores, que Nieves retrata. Ambos ponen sobre el tapete “las puñaladas traperas y los celos, la trastienda de la literatura” porque como en todas las profesiones, la novelista confiesa que siempre hay una cara b: “Hablo de cómo funciona la gente cuando tiene el ego grande, incluidos nosotros mismos” y esto lo aliña con humor del negro. No podía ser de otro color. 
A pesar de la distancia, el tándem se sigue compenetrando y aunque ella está aquí y Vicente en Valencia: “De vez en cuando nos juntamos para hacer un brainstorming. Después hablamos mucho por teléfono o por mail” y cuando la inspiración toca a sus puertas, “le mando los capítulos y él a mí los suyos”. 
Reconoce que en “Los muertos viajan deprisa” (Ediciones B) no hay mucha acción en el exterior, “es todo psicológico, más interior y de personajes” y al mismo tiempo que la pareja de detectives desvela la “x”, “en el libro tratamos de darle humanidad a los malos” porque “una persona normal puede llegar a ser un monstruo”.
De paso, le sacan punta a distintos perfiles de autores reconocidos que provocan colas en El Corte Inglés. La pareja los pone a danzar sobre las páginas: “Nos quisimos vengar ya que nunca nos invitaron a Gijón”. Para coger apuntes, Nieves se plantó en la última edición para inspirarse y “enterarme de cómo eran las comidas y actos para convertirlos en novela”. Con otros nombres pero con idéntica personalidad, Abarca asegura que algunos escritores ya le han comentado que se ven reflejados en un personaje: “Se están riendo muchísimo” y el viernes en la librería Molist fueron varios los que me dijeron: ‘Estamos todos’”. 
Ahora que ya han escrito cuatro puntos finales, los coautores tienen intención de dejar descansar a Valentina Negro y Javier Sanjuán, pero todo será cuestión de que la idea que ya tienen en mente para la quinta novela fluya y pida una cosa u otra: “En principio necesitamos tranquilidad y airearnos un poco, pero puede pasar que salgan de nuevo a escena”. 
En poco tiempo, internet y la línea telefónica volverán a echar humo. Atravesarán la meseta y derivarán en el mediterráneo en un billete que siempre es de ida y vuelta y que confluye en cientos de estaciones diferentes.

“Hablo de cómo funciona la gente cuando tiene el ego grande, incluidos nosotros”