El Macuf ofrece los cuarenta años placenteros del americano Alex Katz

Son un total de 22 piezas, la mayoría de gran formato a. aparicio
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  A Alex Katz le gusta mirar y su mirada potencia el mundo. A sus 85 años, el pintor vive. Sale a correr todos los días. Y nada a crol. Para situarse frente a un lienzo en blanco y llenarlo de una contundencia plástica que convence. Tal es así que sus piezas aparentan tener grandes argumentos. Sin embargo, el estadounidense huye del exceso y se detiene ante un paisaje o una conversación y de alguna manera lleva sus pequeños guiones a la gran escala del arte.

Normalmente apuesta por el gran formato y es como si su pintura fuera una película de la época. En grandes dimensiones. Usando el plano americano y el primer plano, Katz hace grandes a los personajes que posan tranquilos. En una vida que el norteamericano muestra al mundo como placentera y que no es más que el reflejo de lo que siente. Por eso, no tiene que disfrazar el pincel. Él deja de que se deslice natural por la tela. Con un estilo que define como contenido pero sin contenido, las creaciones de uno de los referentes de la historia más reciente del arte alberga una contundencia que es capaz de evocar a la lírica, que se instala en el cuadro igual de natural que el resto.

El Macuf ofrece en la muestra “Casi nada” un paseo lento por todos los pequeños fragmentos de la vida que Katz ha querido aislar. Aquí se podrán ver composiciones paisajísticas y miradas junto al verde. Lejos de las corrientes pop, la pintura del artista nada tiene que ver con lo desarrollado por Warhol. Le falta sentido crítico. Y aunque pudiera asociarse su forma de hacer con esta vanguardia, sus piezas presumen de tener un talante decorativo. Que roza lo impersonal. Para pasarse alegres por los principales museos de todo el mundo. El MoMA, la Tate Modern o el Pompidou de París ralentizan sus latidos con Katz.

Dice el comisario David Barro que “no se trata de consumir el frío irónico de la imagen pop”. Sus obras se paran. Captan la serenidad porque solo a ritmo lento, se puede llegar hasta la levedad que rige en lo cotidiano. Y que hace que la suya sea siempre una mirada curiosa. En busca de alimento.

Por eso ocurre que el maestro ve muchas veces películas sin atender a lo que dicen. Simplemente viendo las imágenes. De esta forma, su producción puede pasar por ser cientos de largometrajes. Instantes conservados en formol para hablar de una época. En un sitio determinado. Del que Katz no suele escapar. Porque en su mundo se está bien y no tiene ninguna necesidad de aparentar. Es así como los cuadros son su vida. Él la relata con brochazos lisos y amables en una trayectoria donde destaca el retrato. El museo de arte contemporáneo de Gas Natural Fenosa recoge un total de 22 cuadros que el americano creó a lo largo de estos últimos cuarenta años. Puestos en bandeja para que el espectador pulse el play. Por primera vez en Galicia.

El Macuf ofrece los cuarenta años placenteros del americano Alex Katz