“Para todos, el ascenso es pasar a una vida mejor”

La conversación entre Tino Fernández y Moncho Viña duró más de dos horas | pedro puig
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Aún es de día, pero se apagan las luces en el Club del Mar y suena el himno del Deportivo. Moncho Viña, colaborador de este diario, enciente una pequeña lámpara de sobremesa antes de sentarse frente a Tino Fernández. Luz tenue durante dos horas para una de las “charlas saladas” (‘Conversas Salgadas. Unha cidade, un equipo, un soño, 112 anos xuntos’) que ofrece el recinto polideportivo coruñés.
El dirigente, que además es patrón de barco recreativo, recuerda los tiempos de niño en que acudía con frecuencia a la playa de San Amaro, aunque nunca fue socio del Club del Mar. Entre el público, sus padres, atentos al discurso. “Siempre fui buen estudiante y competitivo”, confesó sobre sus años en Maristas. A Riazor empezó a ir con amigos de la familia, más tarde, con los que fue haciendo en su vida. Una vida en la que, como deportista federado no fue futbolista, sino jugador de baloncesto. En parte, porque en Maristas no había fútbol, solo el deporte de la canasta y balonmano. A día de hoy, sigue siendo el baloncesto su “gran pasión”.
Su padre, que ahora tiene 81 años, era músico de profesión y sus cuatro hermanos también han heredado ese don. Él, en cambio, “estaba loco por el baloncesto”. “Soy el eslabón perdido, pagaría lo que fuese por saber tocar un instrumento. Porque eso dura toda la vida”.
Él quería ser militar, marino, pero por una lesión importante de rodilla no pudo. Después, iba a hacer Marina Civil, pero acabó haciendo económicas de “casualidad”. Tampoco tenía “vocación tecnológica”, pero cayó en esa rama que nada tenía que ver con su vocación militar inicial: “La vida habría sido completamente diferente a lo que tengo, pero estoy seguro que habría sido igualmente feliz”.
Precisamente con un buceador del Club del Mar y otro socio (fallecido en accidente de tráfico en 1998, “el momento más triste de mi vida” -recuerda-), se convirtió en emprendedor. También de casualidad surgió el nombre de la empresa: Altia, por Álvaro -el socio fallecido-, Tino y Amadeo -dejó la empresa en los noventa-.
Su primer sueldo procedió del baloncesto, como entrenador cuando cursaba COU. Ganaba 7.000 pesetas (42 euros). Llegó a entrenar en Tercera, lo que hoy en día sería LEB Plata. Es entrenador superior de baloncesto, así que podría entrenar en ACB. “Aunque hoy en día estoy un poco oxidado”, matiza. Lo tuvo que dejar por trabajo: “Es incompatible con entrenar”. Llego a ser segundo de Juan Corral en la selección galega cadete, “Conmigo quedaron terceros. Hasta entonces lo mejor había sido un undécimo puesto. Fue como ganar la NBA”, indicó. Como técnico de baloncesto entrenó, entre otros, al que hoy día trabaja como asesor jurídico del Deportivo.
“Lo dejé al segundo o tercer año de estar trabajando. Es que si no lo haces bien...”, confiesa Tino, que también fue vicepresidente del Oar de balonmano porque Fernando Vidal (que formó parte de su primer Consejo de Administración en el Deportivo) se lo pidió tras haber contribuido como sponsor del club.
Puestos a hacer memoria, recuerda cuando pintaba la bandera del Deportivo en su casa para llevarla a Riazor. Estuvo en el Bernabéu en la final de la Copa del Rey con el Valencia (1995) y también en Madrid vio el Centenariazo. “Entonces ya tenía cuatro hijos pequeños -dos pares de gemelos-, Fui a trabajar a Vitoria y de allí a Madrid en avión. La vuelta la hizo en coche, con amigos y varias paradas: “Fueron tres días de Centenariazo”.
A diferencia de su mujer, Adela, que ve mucho fútbol, él se centra en el Deportivo y lo que le interesa al Deportivo. “Sobre todo veo la Liga 1/2/3”, relata.
“Lo que no va a cambiar nunca es ser del Deportivo”, indica el presidente, que recuerda los miércoles de Champions, reservados en su agenda para ver al equipo herculino la década pasada.
Al son de ‘Los Tamara’ y Pucho Boedo, se le viene a la cabeza el del delegado del Deportivo: “Barritos es un fenómeno”.
Entre el trabajo y el Deportivo, el tiempo libre es oro: “Ahora mismo, ocio prácticamente no tengo. Se limita al verano. Cuatro o cinco días de viaje, pero ahora entro en una fase donde voy a tener más tiempo, los cuatro (hijos) están en la Universidad así que he pasado página a esto de andar carretándolos de un lado para otro después de 17 años haciéndolo”, advierte.
Se considera “mucho más deportivista que futbolero” hasta el punto de asegurar que “si el Deportivo desapareciese difícilmente volvería al fútbol”.
La masa social del Depor supera al Celta. “Tenemos una afición espectacular, hoy por hoy es nuestro mejor activo. Tienes historia, pero con la historia no comes, es como una familia aristocrática, con el pasado no vas a la compra. Tras el descenso, ahí siguen, tengo mucha ilusión de ver Riazor ante el Málaga. Solo podemos estar agradecido a su fidelidad e ilusión después del descenso”, elogia.
Un descenso que le tocó. “Sufres más porque te sientes responsable. Después de tres años en Primera sufridos, quién me diera no haber bajado aunque fuera sufriendo. Vamos a quedarnos con que hemos aprendido, ahora estamos con un proyecto ilusionante, todavía en construcción, un grupo que está mandando muy buenas señales y esperemos que a final de Liga podamos conseguir lo que todos los deportivistas tenemos en mente”, arguye.
Puestos a hacer un “análisis forense” del descenso, explica que fueron “muchas razones”. No las concreta. “Hemos intentado hacer un análisis lo más riguroso posible, pausado. Como dirigente es importante no dejarte llevar por la euforia, por los resultados. Tienes que lograr que te afecte lo menos posible”.
Preguntado por una Liga cerrada, sin descensos, sostiene que no se lo plantea, que “es bueno que haya ascensos y descensos. La ACB quiere un solo descenso y eso es matar a los otros. El fútbol está bien como está. El Deportivo tiene que tratar de consolidarse en la zona media-alta, como la Real o el Athletic, que si tienes una buena temporada te metes en Europa y, en el peor, caes al puesto 15. Eso es a lo que podríamos aspirar hoy en el fútbol. Creo que se puede estar en la zona noble de la Liga. Hemos dado un paso atrás y cuando lo demos de nuevo adelante, habrá que tener paciencia, como los que acaban de subir, porque tienes que ir paso a paso. Pero yo creo que el Deportivo va a acabar ahí por la pasión que tenemos, la ilusión por el proyecto”.
Con retrospectiva, aplaude los palos VIP que el Depor puso en marcha en Riazor con Lendoiro al frente del Consejo y recuerda aquella primera ampliación de capital que parecía más “una financiación” porque igual “los bancos ya no nos dejaban dinero”.
Para apretados, hace cinco años, cuando dio el paso para acceder a la presidencia: “Cuando te metes, te metes con todas las consecuencias. Al Deportivo que llegamos era un club que no podía entregar insignias de oro y plata porque estaban suspendidas por la administración concursal ni pagar los buses de los niños. La situación estaba muy complicada, los caminos se habían retorcido, la relación con los acreedores eran inexistentes y estaban muy mal. Hicimos un trabajo muy bueno e intenso. Todo eso se ha normalizado después de un trabajo de limpieza. Ahora la deuda, siendo altísima, la más alta de Segunda, está controlada, estructurada y se pueda manejar. Espero que cuanto antes recuperemos la categoría, y si no, es manejable para poder competir y no morir”.
El ascenso, aunque no lo nombre, es el objetivo, “Como dice Carmelo, no hay que ponerse ninguna losa. Todos sabemos lo que queremos, los profesionales lo tienen clarísimo, para todos es pasar a una vida mejor. Este año tenemos dos retos: la humildad, porque como dice Piña, no somos más que nadie; y no caer en la ansiedad, porque no se sube en agosto ni en septiembre ni en octubre”.
Pero por si acaso, hay que ir dando pasitos. El primero, ante el Málaga. “Es un rival directo y hay que ir a por todas. El Deportivo aspira a ganar todos los días. Luego, el de enfrente también juega. Lo más importante es la fortaleza del grupo, la sintonía entre cuerpo técnico y dirección deportiva. Eso se nota. La gente lo nota”, sentencia Tino, que destaca la “autocrítica” que se hizo tras el descenso. “Si hubo cambios en la parcela deportiva es porque pensamos que se puede hacer mejor”, admite.
Las señales de que lo que mal empieza mal acaba no las supo aprovechar. La temporada pasada, el Depor la abrió con derrota ante el Real Madrid. Mientras el partido se disputaba, le entraron a robar en casa. “Me robaron una cosa que sentí mucho, una medalla de la Virgen del Rosario que me habían dado en los Dominicos cuando ascendimos. La llevaba a algunos partidos. Ahí dije: esto empieza mal. Se lo conté el otro día al cura de Muxía y me dijo que esa no, pero que iba a tener la de la Virgen de la Barca”. Por eso Muxía será la primera parada en caso de ascenso.

Recuperar secciones
El dirigente considera, además, que la “vocación” del Deportivo “es ser más que un club de fútbol”. Por eso no descarta volver a tener secciones como en el pasado, cuando el Depor estaba en atletismo, ciclismo, ajedrez, hockey... “Me haría ilusión que pudiese el Deportivo recuperar esa idea de las secciones, ser el elemento tractor de las actividades deportivas de la ciudad y aprovechar sinergias. No es el momento ahora porque tenemos dos condicionantes: estamos en Segunda y tenemos que acabar de perfilar la reducción de la deuda, pero no se puede perder eso de vista”, anuncia.
Lo dice un presidente que siempre intenta “ser positivo, ver la parte buena de todo y cuando, sale mal, aprender, ver en qué nos hemos equivocado y proponer”.
“Yo empecé sin medios materiales, mis ‘inputs’ están aquí, mis padres, todo lo que he sido fue por el dinero de la música de mi padre, todo lo hemos ido construyendo por creer que es posible”, asegura.
Y enumera las claves que, a su juicio, garantizan el éxito: “Es posible, primero, trabajando mucho y dedicarle todo el tiempo, rodearte de gente muy buena, si son mejores y más listos que tú, mejor, trabajar en equipo, creer en las alianzas, apoyarse en otros de los que no eres su jefe si no un aliado para algo en concreto”.
Suena ‘Vivir mi vida’, de Marc Anthony, uno de los que le gusta. “La música la pongo yo”, dice el presidente antes de que las luces vuelvan a encenderse en el Club del Mar. l

“Para todos, el ascenso es pasar a una vida mejor”