
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, se reunió ayer con los consejeros autonómicos para presentarles la propuesta inicial de reforma de la enseñanza no universitaria, donde defendió la evaluación externa estándar, aludiendo al incentivo que supondrá para los alumnos, porque no son “ni tontos ni vagos” y rechazó el término reválida para referirse a dichas pruebas de las diferentes etapas educativas.
Wert subrayó que los exámenes que la reforma propone no miden “lo que el alumno recuerda”, sino su capacidad “relacionando conocimientos y habilidades adquiridas”.
En cuanto a las críticas de Cataluña por una supuesta invasión de competencias autonómicas, señaló que su propósito “no es monolítico” y que parte dependerá de las comunidades, pero es esencial que existan contenidos comunes en las evaluaciones, para “permitir la comparación”.
La actual Ley de Educación ya recoge esta posibilidad de forma genérica, prosiguió, y subrayó que un sistema basado en la autonomía de las comunidades precisa “elementos de comparación y evaluación”.
Wert se defendió también de las críticas por la implantación de itinerarios en cuarto de la ESO, pues “lo que realmente segrega al alumnado”, dijo, es que un 25% abandone los estudios por falta de flexibilidad.
El responsable de Educación defendió la posibilidad de que los alumnos puedan elegir itinerario en cursos tempranos y negó que este sistema sea segregador.
“No pensamos en una concepción monolítica de las evaluaciones, pero si homogénea porque es esencial. Un sistema educativo requiere instrumentos de control porque puede llegar a mejorar el rendimiento de los alumnos entre un 20 y un 40%”, resalta Wert.
Después de más de cuatro horas de reunión, Wert se mostró satisfecho con el resultado de la misma y cree que se llegarán a acuerdos futuros. También desveló que ha habido un amplio consenso con las comunidades a la hora de definir los problemas del actual sistema y la discrepancia con algunas autonomías con el texto de la reforma educativa no universitaria.
Wert también confirmó la desaparición de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) por un examen al final del bachillerato. Después, las universidades pueden decidir realizar otra prueba de acceso a los estudios a sus futuros alumnos.
Respecto al polémico texto de la reforma que instaba a los alumnos más desfavorecidos hacia la formación profesional y los programas de cualificación profesional inicial, el titular de Educación remarcó que se trataba de un error en el texto que será subsanado. n






















