El comercio local cierra otra página de su historia con la clausura de La tienda de las máquinas

Además de los productos habituales de esta tienda situada en el 145 de San Andrés, Copi Roque ha sacado a la venta tesoros de su colección personal | quintana
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Solo es cuestión de meses que la máquina comercial de San Andrés tenga que empujar el carro para cambiar de línea porque el establecimiento La tienda de las máquinas se queda sin tinta para seguir escribiendo su historia a medida que se acerca la edad de jubilación para su dueña, la empresaria Copi Roque.


En ese escaparate que por lucir máquinas de cobro y calculadoras de las de toda la vida, algunas de las que a los coruñeses más jóvenes ni les suenan, siempre ha llamado la atención de los caminantes de la céntrica calle de San Andrés cuelga desde ayer un cartel de “Liquidación por jubilación”.


La dueña del negocio, Copi Roque, cumplirá en breve los 65 años y después de muchas décadas cotizadas cree que ha llegado el momento de empezar a escribir un nuevo libro personal y dejar de arreglar las máquinas ajenas para que los demás hagan lo propio. “Tengo previsto cerrar el 31 de diciembre porque me jubilo pero si tengo la suerte de liquidar antes lo haré”, dice convencida desde su posición privilegiada en una de las calles más comerciales de la ciudad.

Aunque San Andrés ya vivió tiempos mejores y a La tienda de las máquinas siguen llegando encargos desde cualquier punto del país, no hay recambio generacional ni traspaso en marcha y Copi se despedirá de un negocio de carácter familiar –pertenecía a la familia de su marido– que se estrenó en 1922.

Encargos de toda España
Para estos meses queda stock de calculadoras normales y científicas, máquinas industriales de cobro y tintas de impresora, que le ayudaron a seguir ligada a la actualidad. Además, lejos de agarrarse al pasado, la propietaria ha sacado a la venta un montón de máquinas de escribir de su colección personal, porque “en casa ya no queda sitio”, y alguna máquina de coser (porque su suegro también las reparaba) que es una reliquia y que estos días ilumina la mirada de muchos al entrar y poder echar la vista atrás.


De las máquinas que le dieron nombre a su establecimiento, tiene previsto quedarse con alguna especial, al igual que han hecho sus hijos, pero prefiere que estos aparatos con tanto recorrido vital puedan tener otros hogares.


No solo como objetos decorativos porque lo vintage esté de moda sino porque “hay mucha gente que sigue escribiendo a máquina”, algo que sabe de primera mano porque se las compra tanto gente mayor como un cliente de perfil más joven.


Y los que no las adquieren por primera vez le piden que se las arregle. Estos días recibió un encargo desde Bilbao y le mandarán un carro y unas teclas para volver a poner a punto. “También nos las han enviado desde Madrid, Burgos... No deben de quedar muchos negocios así”, supone. Al ver pasar el tiempo y vivir los cambios tecnológicos tiene claro que este “es un negocio a extinguir”.

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