El Melilla fue el tuerto de un esperpento de cuarenta minutos

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Si yo fuera uno de los cientos de espectadores que se dieron cita en el Javier Imbroda, pediría que me devolvieran el importe de la entrada. Y arengaría al resto a seguirme. Aunque lo más justo sería una indemnización por esperpento de 40 minutos.
Melilla y Basquet Coruña firmaron de principio a fin un partido de patio de colegio que se resume en el exiguo marcador final y en la serie de (des)aciertos desde 6.75 metros: 4 de 25 para cada equipo.
La ‘marea naranja’ tardó cinco minutos y medio en anotar su primera canasta. Que su rival tampoco estuviese fino restó importancia a la sequía (7-4). Los malos tiros, los ‘barullos en el área’ y las pérdidas de balón fueron la tónica dominante de un cuarto que se cerró con el único triple que besó la red, de Eloy Almazán, desde el medio del campo y..., fuera de tiempo.
El 0 de 15 conjunto desde el arco lo rompió Rivero en la primera posesión del segundo cuarto. Pero no hubo contagio, salvo el de los errores que ya venía de serie. El Coruña mejoró su marca y sólo tardo 3:30 en lograr su primer acierto en juego (18-13). Ni siquiera una técnica al técnico local, Alejandro Alcoba, agitó un escenario que bajó el telón con un sonrojante 26-21 y un 0 de 16 en triples de los de Tito Díaz, el mejor equipo de la Liga en este apartado.
El descanso tampoco agitó gran cosa. El Coruña empezó errando otro triple (0 de 17) y dos ex del club naranja, Gatell y Suka-Umu, rompieron la monotonía para poner al Melilla nueve arriba (33-24). 
Herido en su orgullo, el cuadro herculino, arrastrado por Zyle –autor del primer triple de su equipo y muy inteligente atacando a Gatell en el poste bajo– , devolvió la paridad al marcador con un parcial de 0-9. Pero no fue capaz de ir más allá. Dos pérdidas consecutivas derivaron en dos canastas seguidas de Arteaga, el gigante dormido en los primeros 20 minutos.
Además, el equipo norteafricano empezaba a hacer daño en el rebote ofensivo. Aunque solo en eso, ya que no era capaz de aprovechar las segundas opciones. Como tampoco supo aprovechar Creus una posesión final de 14 segundos, en la que se durmió por completo y no lanzó dentro del tiempo, una muestra más de que ayer no era el día del Basquet Coruña.
Aun así, el último periodo arrancó con 41-34  que mantenía las espadas en alto. El concierto de pito de Torres y Mendoza en los primeros minutos no colaboró a desatascar el lío de 5 contra 5 sobre el deterioradísimo parquet –indigno de esta categoría– del Javier Imbroda.
Si lo hizo la dirección de Rivero, que se hizo el dueño de la cancha y acabó logrando que Arteaga fuese el más valorado del encuentro. Una canasta del pívot dio al Melilla su máxima ventaja (52-40) a 5:14 del bocinazo final, que el base estiró a 15 tantos con un triple.
Los del Coruña, a las desperada, entraron demasiado tarde: dos de Peña y uno de Sabonis, ya dentro de los dos últimos minutos, que ayudaron a maquillar el resultado final.

El Melilla fue el tuerto de un esperpento de cuarenta minutos