Matrimonios autonómicos de conveniencia, del mero apoyo a la coalición

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Del apoyo puntual para alcanzar la Presidencia de un comunidad hasta coaliciones de gobierno con reparto de consejerías. A lo largo de 30 años, la España autonómica ha visto matrimonios de conveniencia de todos los colores y en todos los formatos para garantizar el gobierno de las comunidades.

Tras los comicios del pasado 25 de marzo, Andalucía y Asturias son escenario ahora de una intensa, pero discreta, negociación entre los partidos que puede desembocar en gobiernos en los que no se siente la fuerza política más votada.

No serían los primeros casos. Uno de los más recientes es el de Canarias, donde Paulino Rivero, de CC, ejerce como presidente del archipiélago por segunda legislatura consecutiva sin haber ganado ninguno de los dos comicios.

Precisamente, CC ha alternado en sus gobiernos los pactos con el PP y con el PSOE para desbancar a José Manuel Soria y a Juan Fernando López Aguilar del sillón autonómico pese a haber sido los candidatos con mayor respaldo.

En ambos ejecutivos Rivero ha sentado en el Consejo de Gobierno a dirigentes del partido firmante del pacto, pero con el PP el matrimonio acabó en divorcio a siete meses de las elecciones porque CC había dado su apoyo a los socialistas en los Presupuestos Generales del Estado.

También en Cantabria se ha producido el mismo fenómeno. Miguel Ángel Revilla, del PRC, consiguió presidir la comunidad con el acuerdo del PSOE, que se adjudicó la vicepresidencia, dejando así al PP, el partido más votado, a las puertas del Gobierno.

Actualmente, más de una comunidad se gestiona gracias al acuerdo entre dos partidos. Navarra, por ejemplo, se gobierna con la coalición de la UPN de Yolanda Barcina y del PSN de Roberto Jiménez.

La Comunidad Foral vivió una situación de inestabilidad prolongada durante meses tras las elecciones de 2007, que colocó en el arco parlamentario a cinco partidos.

Las conversaciones entre PSN, Na-Bai e IU fracasaron por el "no" de Ferraz y más de dos meses después finalmente Miguel Sanz fue reelegido en segunda votación gracias a la abstención de los socialistas.

Pero los apoyos también pueden traducirse en otras fórmulas como la que ha permitido a Patxi López, del PSE, sentarse en la lehendakaritza, y a Arantza Quiroga, del PP, en la presidencia del Parlamento vasco.

Y todo ello, después de que el partido más votado fuera el PNV, que gobernó entre 1994 y 1998 en virtud de la coalición sellada con el PSE y Eusko Alkartasuna.

La propia Asturias ha estado ya gobernada por un bipartito (PSOE-IU) entre 2003 y 2011, con contrapartidas para la federación de izquierdas, que se hizo cargo de una macroconsejería que agrupaba Vivienda y Bienestar Social y el departamento de Justicia.

Andalucía no ha sido ajena a la cultura de los pactos y el entonces presidente Manuel Chaves llegó a incluir a miembros del Partido Andalucista en carteras como Turismo o Relaciones Institucionales.

Pero los acuerdos de gobierno han rebasado el juego a dos. Cataluña, tras décadas de gestión de CiU en solitario, fue dirigida por un tripartito (PSC-ERC-ICV) que encabezó el exalcalde de Barcelona Pasqual Maragall y reeditó el exministro José Montilla.

De forma simultánea, en Galicia los socialistas apartaron al PP del poder merced al acuerdo con el BNG, una experiencia que duró una legislatura.

En otras comunidades el acuerdo ha sido más amplio, como en Baleares, donde Francesc Antich presidió el Consejo de Gobierno entre 2007 y 2011 después del pacto entre PSOE, UM y el Bloc, formado a su vez este último por PSM, Esquerra Unida-Els Verds y ERC.

Frente a estos pactos, otras comunidades no han tenido problema alguno para formar gobierno. José Bono, José María Barreda y María Dolores de Cospedal no saben lo que es tener que negociar para ocupar el sillón presidencial de Castilla-La Mancha.

 

Antonio Ruiz Valdivia y Sagrario Ortega

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