La tuba sale del anonimato para imitar a las grandes voces en el Palacio de la Ópera

El pontevedrés lleva 18 años tocando la tuba

No es habitual verla en la primera fila. Normalmente camina en la sombra. Detrás. Y aunque su tamaño no hace que pase desapercibida para el ojo humano, el tono que desprende apenas se siente entre el tumulto. Sin embargo, la tuba se adelantará hoy a sus compañeros de fila. Sorteará a las flautas y las trompetas, que son normalmente las que acaparan un mayor protagonismo, y pasará delante de las cuerdas. En un movimiento ágil, la tuba se sentará rápida y veloz en el lugar con mejores vistas al patio de butacas.

Alfredo López tocará obras con muchas notas para que el público aprecie el instrumento

Desde allí, tocará sola partituras del americano J. Cournow y el alemán Carl Mª von Weber en un Palacio de la Ópera abierto al público así que mirará una y otra vez su reloj hasta de que den las 12.15 horas. Ya para entonces y vestida con el mejor de sus trajes, la tuba comenzará a regalar su repertorio. Masticado durante horas y horas de ensayo.

Y se dejará llevar por Alfredo López, igual que lo lleva haciendo desde hace 18 años, cuando el pequeño silledense entró por la puerta de la Escuela Municipal y alguien le preguntó qué era lo que quería tocar. En esos momentos no había nadie encargado de la tuba y el instrumento esperaba aparcado el instante para volver a brillar a su manera. De esta forma, el músico cuenta que le miraron de arriba a abajo hasta comprobar que tenía el perfil adecuado para hacerse cargo y el suficiente porte como para poder llevar a la tuba de paseo. Así que con una extensión a la espalda de doce kilos de peso, Alfredo apenas recuerda los años anteriores. Sin estar pegado a un instrumento, del que asegura, suena igual que la voz de un buen cantante. Imita a las cuerdas vocales del hombre y por eso el objetivo de hoy pasa porque suene a los grandes intérpretes. A Pavarotti o a Plácido Domingo en una velada única, porque la pieza de Cournow escogida por Alfredo se escuchará por primera vez de la mano de la Banda. También porque el pontevedrés cuenta con los dedos de las manos las veces que ha sido invitado en calidad de solista y, sobre todo, en escenarios como el del Palacio de la Ópera.

Con la intención de que se aprecie más las posibilidades que tiene el instrumento, Alfredo López tocará un repertorio creado para su hermano pequeño, el bombardino, por eso de que tiene muchas más notas y el espectador puede distinguir el virtuosismo. Lo que diferencia a un intérprete bueno de uno malo.

De esta forma, una vez que se acabe la primera parte, la tuba se irá con Alfredo a junto de su hermana gemela. Regresará a su posición habitual. En un mundo en el que apenas tienen sitio porque las dos de la Banda caminan junto a un ejército de diez clarinetes y aunque hay muy pocos que se decanten por ella, también son escasas las plazas disponibles.

El músico invita a los coruñeses a participar del directo. A que pierdan la idea que tienen de la tuba. Y disfruten de un programa original que terminará con las obras “Armaggeddon”, de H. Martens, y “Jericho”, de B. Appermont. Dos estrenos más que sumar a una mañana poco usual en el auditorio. Cuando las flautas pasen a un segundo plano y la tuba presuma de ser la más grave de todos.

La tuba sale del anonimato para imitar a las grandes voces en el Palacio de la Ópera

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