“Ha cambiado todo, pero en esencia no ha cambiado nada”

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Clara Jumi Kang tocó por primera vez una estación de Vivaldi cuando no pasaba de los siete años. Hoy, su violín pasará del otoño al invierno en el teatro Colón para celebrar en primavera los 20 años de la Orquestra de Cámara Galega, un tiempo donde la formación independiente se consolidó como la segunda más antigua de la ciudad.
A la fiesta programada para las 19.00 horas también está invitada la coral polifónica El Eco, que brindará joyas de Rogelio Groba. Antes, sonarán Mozart y Gounout. En una cita donde la coreana se sentará a tocar durante 40 minutos lo que para Vivaldi significaban las cuatro partes del calendario, que a pesar del cambio climático, “el espectador sigue pudiendo ver la lluvia y el sol porque ha cambiado todo, pero en esencia no ha cambiado nada”.
Clara Jumi cree que “Las cuatro estaciones” son tan populares porque uno visualiza la música y llega a saber “un montón de cosas de los compositores escuchando sus obras”. Y es que la música no es otra cosa que emociones y el oído es capaz de construir al personaje con el carácter que impregna a sus piezas, que terminan siendo un diario de notas musicales. Es por eso que el segundo movimiento, de Invierno, lleva a Clara a una casa con chimenea donde está acompañada por su familia y alguien hace sonar una guitarra. Y así la toca porque, como intérprete, transmite sensaciones.
Para ello, “la técnica es el vehículo” que conduce las “miles de personalidades diferentes” que Clara enseña con su violín: “Un montón de facetas que nunca muestro en mi vida real”. A sus 27 años, la asiática asume el privilegio de poder abrir sus emociones al resto en el escenario: “Por eso no siento la necesidad de hacerlo en mi vida privada” e invita a todos a sacar lo que se mastica por dentro. Normalmente, asegura que el público la asocia con una imagen de mujer enfadada o triste, pero solo es el papel que interpreta. Y la música pasa por ser la mejor de las terapias en un “largo camino” donde le falta mucho por hacer.
De momento, se queda con el repertorio romántico y los Mozart y Shubert, que volvió a querer una vez que aparcó los bártulos en Alemania, donde regresó hace cuatro años. Entre su país natal y Corea, Clara afirma que hay un mundo. El público coreano no conocía el género clásico hace 50 años para comenzar una escalada que lo ha situado en la brecha. Capaz de equipararse al europeo tanto a nivel butaca como por sus músicos.
En su caso, la violinista estaba destinada a ser una virtuosa: “Toda mi familia es de músicos y yo comencé a tocar el violín como si fuera un juguete”. El que cogerá hoy en el Colón es el Stradivarius “ex-Strauss”, una joya que sostiene desde hace tan solo tres días. Clara, que disfrutaba ayer de un largo paseo al lado de la playa, será solista y directora a la vez. En un ejercicio de concentración donde la Orquestra de Cámara también crecerá porque además del directo, los 18 músicos recibían una master class de la artista. La formación soplará hoy las velas con el orgullo de estar compuesta por un 90% de talentos del país y tener al lado a toda una referente. Sumando páginas al álbum de su vida.

“Ha cambiado todo, pero en esencia no ha cambiado nada”