Los fondos del Puerto Exterior crían ranas

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El Puerto Exterior es ya un lugar de trabajo habitual para los buzos de Salvamento Marítimo. Los grandes calados permiten a los hombres rana realizar prácticas unas dos veces al mes a más profundidad que en A Coruña y sin preocuparse por el tráfico marítimo. Además, el pequeño pantalán les facilita volver a tierra tras su expedición submarina.
La visibilidad es mucho mejor en Arteixo y el agua mucho más fría. Unos 11,7 grados marcaba cuando Andrés Pita, de 32 años, se metió esta semana en las aguas de Langosteira y mostró la labor de un buceador. Y aunque 11 grados pueden parecer muchos en superficie es una temperatura extremadamente fría en el mar, precisamente por la humedad. En el Puerto Exterior llegaron a sufrir 9 grados.
Pero el frío es el menor de los problemas de estos hombres –pocas mujeres todavía trabajan como buzos–. Entre los mayores peligros señalan las corrientes y golpes de mar, así como los espacios cerrados, una situación en la que se suelen encontrar cuando tienen que entrar en un barco hundido. Por ello, en ese caso, trabajan con suministro desde superficie. Es decir, conectados a tierra a través de un cable “umbilical”, que les proporciona aire, además de dotarlos de comunicación, vídeo e iluminación.

peso
Eso no implica que el buzo no lleve una botella de emergencia a la espalda que supera los 15 kilos de peso. Es ligera si se compara con el casco, que alcanza los 30 y puede incluso desnucar a quien lo porta. A esto se suman hasta 12 kilos de plomo. Por ello, en superficie, el buzo necesita ayuda en todo momento hasta entrar en el agua y más aún cuando sale de ella, desorientado y mareado, a pesar de que durante las prácticas se evita siempre entrar en “deco” o descompresión. Para lograrlo se controlan los tiempos y la profundidad.
A 20 metros un experto puede aguantar cinco horas bajo el agua con una mezcla de helio y oxígeno, un tiempo que se reduce a menos de dos horas si se trabaja como autónomo, con botella, como se hace durante la búsqueda de cadáveres. Así lo hicieron en el Orzán para localizar a los policías fallecidos en la playa. Carlos, el jefe de equipo que supervisaba la operación esta semana, recuerda su participación en el entorno de las Esclavas, en donde las algas le impedían ver. Más tarde, allí apareció uno de los cuerpos.

en equipo
La base subacuática está en Fene –solo hay otra en toda España, en Cartagena– y la componen seis profesionales. En cada práctica salen cuatro de ellos: junto al jefe de equipo y el buceador principal, siempre hay un ayudante y un buzo de emergencia para saltar en caso de un problema real. Pero incluso los fallos se ensayan, por ejemplo, cortando el aire en medio de la inmersión.  
El equipo coincide en señalar que más importante que el físico es estar en buena forma mental y pasan por exámenes psicológicos para comprobar que ni la descompresión ni el nitrógeno han pasado factura. La absorción de este gas por parte del cerebro causa bajo el agua auténticos “pelotazos”, como los llaman. Es lo que se denomina narcosis y en los casos graves puede provocar una pérdida de control, hasta el punto de que algunos buzos se han llegado a quitar la máscara aún sumergidos. A estos efectos se suman enfermedades como la osteoporosis, el reuma o las lesiones de corazón. Pese a todo, este sector profesional no dispone de coeficiente reductor para la jubilación.
Aún así, estos hombres rana disfrutan de su trabajo. “Te tiene que gustar el riesgo. Cada inmersión es distinta”, declara Carlos; con alguna de ellas llegan a salvar vidas.

Los fondos del Puerto Exterior crían ranas