Los aficionados a la pesca en el mar disfrutan en los muelles de otra jornada “en libertad”

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Los aficionados a la pesca en el mar pudieron disfrutar ayer de una nueva jornada “en libertad”. Muelles como el de O Portiño o el de O Parrote volvieron a mostrar una estampa que desde mediados de marzo dejó de ser costumbre.

Fueron muchos los que se acercaron a los tradicionales lugares de pesca en el mar coruñés, animados por el fin de la prohibición por la pandemia y manteniendo en todo momento la distancia entre ellos.

También con alegría recibieron el alivio del confinamiento, decretado por el Gobierno, los amantes de la pesca de río. Para cauces fluviales como el Mero o el Mandeo, estos dos largos meses, han servido para que se “llenen” de truchas. Sin embargo, este golpe de “fortuna” (para los peces, se entiende) finalizó, una vez que decenas de aficionados se echaron literalmente al monte para disfrutar del primer día en que se permite esta modalidad.

En el coto de Chelo, en el municipio de Coirós, la alegría reinaba entre los diez pescadores que se reunían por primera vez esta temporada para intentar atrapar algún ejemplar. El botín no parecía ser espectacular, aunque no perdían la esperanza.

“Aínda non pesquei nada. Agora –once de la mañana– non é un bo momento. Pero tampouco me quero desanimar se cadra dentro dun pouco o pola tarde xa aí máis fartura”, afirma un aficionado que prefiere mantener el anonimato, tanto que se resiste a ser fotografiado en plena faena. 

No obstante, se agradece el gesto de que se lo proponga a un compañero que no tiene inconveniente en ser inmortalizado.

Normas
Todos son conscientes de que sin prohibición, hay que cumplir normas: estar en posesión de la pertinente licencia; mantener las distancias con el resto de compañeros y, como no, en núcleos con franjas horarias, respetarlas. 

Es decir, dos horas de práctica, sin coger un automóvil y desplazamiento dentro del municipio. Requisitos que deben de cumplir los de A Coruña, Sada, Culleredo, Oleiros, Betanzos y Cambre.

Precisamente, es este último uno de los reductos predilectos de los amantes a la pesca. El coto de Os Galiñeiros, en la parroquia de Cecebre, mostraba ayer una imagen inusual para un aficionado como Francisco Rivas. 

“O río está cheo de troitas. Estes non pillaron nada aínda. Se fose eu xa tiña un cesto delas”, dice sin atisbo de modestia y con bastante nostalgia.

Los aficionados a la pesca en el mar disfrutan en los muelles de otra jornada “en libertad”