Las máquinas acabarán con las chabolas de Penamoa el mismo día del adiós socialista

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  Al final, es posible que Javier Losada cumpla “in extremis” una de sus promesas electorales y que el fin de Penamoa se vea durante su mandato. El día 11 cederá el bastón de mando de la alcaldía a Carlos Negreira, pero las notificaciones de desalojo que han recibido los chabolistas anuncian que   deben abandonar sus hogares para el día 10. Será entonces cuando las máquinas derriben varias chabolas más, en un número aún indeterminado: las cifras oficiales del Ayuntamiento sitúan el número de infraviviendas habitadas en diez, mientras que los vecinos de O Ventorrillo hablan de 15 y Arquitectos sen Fronteiras distingue entre chabolas propiamente dichas y viviendas sin instalaciones adecuadas. En todo caso, esta ONG considera que las demoliciones de la próxima semana significarán el final del poblado.
Para muchos, la noticia de que finalmente desaparecerá el que en su día fue conocido como el supermercado de las drogas del noroeste es una buena noticia. Sin embargo, Arquitectos sen Fronteiras advierte de que aún viven 91 personas en ese poblado, según el censo que ellos mismos han recabado con ayuda de los pobladores. “Al margen de las cifras oficiales, lo cierto es que la vida sigue en Penamoa, y el último fichaje del poblado tiene solo un mes”, apunta un voluntario de la organización, que alertó de que 91 personas sin ningún lugar a donde ir provocarán una “emergencia humanitaria” en la ciudad.
Es para tratar de evitar esta emergencia por lo que los voluntarios de la ONG y los propios chabolistas han organizado con representantes de otros núcleos una reunión para mañana en una de las viviendas del poblado. A la cita también se ha invitado a representantes de todos los partidos políticos así como de las organizaciones vecinales. Arquitectos sen Fronteiras confía en que de la reunión salga una propuesta que presentar al gobierno municipal.

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“Lo que no puede ser es que esta gente se quede en la calle”, insisten desde Arquitectos. Según ellos, el Ayuntamiento no tuvo en cuenta que, cada vez que se derribaba una vivienda, sus antiguos residentes no abandonaban la zona: “simplemente, cuando derribaban uno de sus hogares, se mudaban con sus familiares”. Así se explica que la población de Penamoa no haya decrecido apenas desde que comenzaron las demoliciones por orden judicial.
En cambio, sí se ha conseguido que empeoren sensiblemente las condiciones en las que tienen que vivir, dado que ahora están hacinados. “Y muchos tienen problemas de salud graves, que no están siendo atendidos correctamente”, añaden desde la ONG. En total, resisten en Penamoa dos clanes, divididos en 15 núcleos familiares, pero la concejalía de Servicios Sociales siempre ha mantenido que la responsabilidad de su situación es sólo suya porque no quisieron adherirse en su día al Plan Especial de Penamoa y que no les quedó otro remedio que recurrir a la vía jurídica para expulsarlos por la fuerza de los terrenos de titularidad municipal.
La ONG rechaza este argumento y afirma que, dada la baja formación de los chabolistas, muchos de los cuales son analfabetos, es el Ayuntamiento el que no hizo el esfuerzo necesario para explicarles los procedimientos a seguir y las condiciones del realojo, de manera que muchos trataron de acogerse al plan cuando el plazo había acabado. Es más, desde Arquitectos sen Fronteiras consideran sospechoso que  ninguno de los antiguos residentes del poblado cuya casa estaba en el trazado de la Tercera Ronda tuvieran ningún problema para participar en el Plan Especial.
En todo caso, “estas personas existen están allí y no van a desaparecer, a pesar de los intentos del Ayuntamiento de enviarles a otros municipios”, insisten en Arquitectos sen Fronteiras que considera que es imprescindible crear un nuevo plan de actuación para los afectados. Dado que la Concejalía de Servicios Sociales no ha querido hacerlo, será en la reunión de mañana donde afectados y voluntarios traten de hacerlo de forma conjunta aunque, sin duda, recaerá en el nuevo gobierno municipal de Carlos Negreira la decisión de llevarlo a cabo.

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