Voluntarios de bata blanca que hacen más dulce el amargo trago de un diagnóstico

Los voluntarios recorren el hospital todas las mañanas repartiendo cafés entre los usuarios javier laborés

Un simple café con leche acompañado de una sonrisa puede funcionar como el mejor de los paliativos para cualquier enfermedad. Eso lo tienen muy claro los voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) que acompañan a diario a los pacientes del Centro Oncológico de Galicia. Treinta personas que un buen día decidieron dedicar su tiempo libre y su esfuerzo a endulzar el amargo trago de pasar por un hospital para conocer un diagnóstico adverso o recibir un tratamiento tan agresivo como la quimioterapia.

“yo tuve cáncer y creo que es positivo ayudar a personas que están pasando por la misma experiencia”, explica teodora real

“cuando ven pasar el carrito de los cafés se les ilumina la cara”, destaca nieves alcañiz

Personas como Nieves, Lolita, Adriana o Teodora, que pasan cuatro días a la semana recorriendo los pasillos del Oncológico para charlar con los pacientes y con sus familiares. “Cuando me jubilé se me ocurrió que podía dedicar tiempo a esto, porque yo he tenido también cáncer y creo que es algo positivo que se pueda ayudar a personas que están pasando por la misma experiencia”, explica Teodora Real, que lleva tres años como voluntaria. Al igual que ella, su compañera de jornada, Nieves Alcañiz, también padeció cáncer y decidió apuntarse en la AECC para contagiar sus ganas de vivir a otras personas: “Intentas llevarles el ánimo que tienes y hacerles ver que de esto se puede salir”.

Nieves reconoce que hay muchas personas que “no tienen ganas de hablar”, debido a su estado, pero en la mayoría de los casos la reacción es “muy buena”. “Cuando ven pasar el carrito de los cafés se les ilumina la cara”, asegura. Y es que uno de los servicios que prestan los voluntarios es ofrecer un pequeño refrigerio a los usuarios del hospital, mientras conversan con ellos. “Entre zumos y cafés, repartimos unas 700 consumiciones al mes”, señala Belén Lerma, coordinadora de voluntariado de la AECC en A Coruña.

 

una tarea delicada

Pese al optimismo que intentan transmitir todos los días, los voluntarios son conscientes de la situación en la que se encuentran muchos pacientes y de su delicada tarea. “No me gusta ilusionar a la gente si no hay esperanzas, porque los familiares pueden molestarse”, afirma Lolita Peón, quien destaca el trabajo previo que hacen los voluntarios con la psicóloga de la asociación.

“La gente ya sabe que no somos médicos, por lo que nuestra conversación debe ir sobre otras cosas, además de la enfermedad”, apunta Adriana Silva. Ella es brasileña y tiene una amplia experiencia en el campo del voluntariado, trabajando con los residentes de las favelas. “Cuando llegué a España estuve colaborando con Cruz Roja, pero luego me comentaron lo de venir aquí y me pareció muy buena idea”, explica la joven.

Adriana, al igual que sus compañeras, destaca que su principal labor es dar apoyo a las personas que acuden al centro sin la compañía de sus allegados. “Hace poco, vino aquí una chica que tenía a los padres enfermos de alzheimer y como su pareja los estaba cuidando, tuvo que venir ella sola”, relata Nieves.

Otro de los casos que recuerdan las voluntarias es el de un joven sin techo que recibió tratamiento en el Oncológico hace unas semanas. “Este chico me dio mucha pena, porque como no era de aquí, no tenía adonde ir”, afirma Lolita, que después de cinco años en el servicio ha visto muchos casos similares.

Sin embargo, en este caso concreto, la AECC pudo actuar a tiempo. “Tenemos una psicológa y una trabajadora social que suelen atender a los pacientes si los voluntarios detectan algún problema o alguna necesidad”, explica Belén Lerma. Sin ir más lejos, el servicio de atención de recursos de la AECC destinó a lo largo de este año más de 47.000 euros a ayudas sociales. “Por ejemplo, a este chico extranjero le hemos encontrado una pensión donde alojarse”, apunta la coordinadora.

 

biblioteca solidaria

El acompañamiento que hacen los voluntarios no es el único servicio que presta la AECC en el Oncológico. La entidad acaba de poner en marcha una biblioteca “solidaria” en el hospital para que los pacientes y sus familiares puedan entretenerse mientras realizan las interminables sesiones de tratamiento.

“Esta iniciativa se nos ocurrió en la asociación y empezamos a recopilar libros que la gente donaba y traerlos para un espacio que nos cedieron en el centro”. indica Lerma.

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