Jesús López Prado | “Lo importante es tener ganas de aprender. Nosotros les enseñamos a amar la música ”

Lleva 14 años dirigiendo el centro | javier alborés
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Es la cabeza visible del Conservatorio Profesional de Música desde hace 14 años, el que pelea los presupuestos e intenta explicar los síes y los nos a un personal, el del centro, que se sube al escenario a tocar por Santa Cecilia, pero, sobre todo por sus alumnos. Ellos solo tienen que traer ganas y gusto por la música. Los que están en el estrado les enseñan a amarla. Y la música se lo devuelve en disciplina y en respeto por el del pupitre de al lado. Son un equipo.

¿La demanda de los alumnos es alta?
Mucho. Todos los años se quedan 170 o 180 alumnos fuera sin poder entrar, pero este es el que más tenemos, un total 758. Nunca tuvimos tantos matriculados.
 
¿En qué consiste la criba que hacen para seleccionarlos?
Tienen que pasar unas pruebas de aptitud para primero del grado Elemental. Es aptitud, que no capacidades, porque vienen niños de escuelas de música que no las pasan y otros sin conocimientos que sí.

Me imagino que en esas pruebas ya catan virtuosos o, al menos, niños con unas aptitudes bárbaras.
Desde luego, consiste en una prueba auditiva, rítmica y de psicomotricidad. Se ven a unos niños muy buenos con un oído fantástico. Sin embargo, aún con aptitudes es necesario la constancia y el esfuerzo. También tenemos un programa innovador para chicos con necesidades especiales. En España solo hay dos y somos los únicos en Galicia. Están matriculados once con unas aptitudes musicales grandísimas y un oído absoluto. Son capaces de reproducir melodías al momento.

¿Qué les aporta la música a los niños?
A todos les aporta disciplina y concentración. La música es muy importante para niños y adultos, si cantáramos más y escucháramos música, seríamos más felices. Sin ella, es todo más triste. Afecta a los estados de ánimo y los músicos somos unos privilegiados al transmitir esos sentimientos. Entre nosotros nos entendemos, con un músico extranjero no es necesario hablar porque sabes lo que quiere sacar por el fraseo.

Además del curso, programan fuera del calendario citas solidarias.
Sí, intentamos educarlos en valores. De ahí, los conciertos solidarios. Normalmente, hacemos tres al año. A mediados de diciembre, está la semana solidaria donde recogemos comida para el Banco de Alimentos Rías Altas. Este año le sumamos una segunda campaña de juguetes para Cáritas. Será del 15 al 21 de diciembre. Durante esa semana, actúan casi todos los alumnos. Es una manera de que vean las necesidades que hay. A los de discapacidad intelectual los tenemos en el coro infantil.

¿Qué dan esos niños con necesidades especiales? ¿Qué aprenden de ellos?
Te aportan muchísimas ganas de trabajar porque cuando te dan un cariño es porque lo sienten. En sus clases tienes que improvisar y estás continuamente experimentando.

¿El violín y la flauta son los primeros en el ranking de los más solicitados?
Sí, siguen siendo los más demandados. Nosotros hacemos un concierto de presentación en el que ponemos a jugar a los instrumentos de baja demanda, que los niños no conocen y son muchos los sorprendidos que cambian 48 horas antes de hacer la matrícula. Al final, no nos queda ningún instrumento vacío. El índice de abandono en contrabajo o fagot es menor.

Igual esto ocurre porque muchos se apuntan al conservatorio forzados, ¿no?
Sí, porque muchas veces son los padres los que eligen y si ya a los alumnos les cuesta estudiar, con un instrumento que no les gusta, el abandono es mayor. Con el instrumento tienes que sentirte a gusto, si le gusta la tuba, hay que dejarlo porque prueba de ello, es que hay grandes alumnos de tuba que no la querían en un primer momento, pero les aporta. En estas jornadas de presentación, los prueban y es raro que no puedan tocarlos. Solo en caso de limitaciones naturales, pero, en general todos estamos capacitados para tocar cualquier instrumento. Lo importante es tener ganas y que te guste la música. Nosotros les enseñamos a amarla.

¿Cuántos acaban dedicándose profesionalmente a la música?
Un porcentaje bajo acaba dedicándose a la música. Del Elemental, que son cuatro años, pasan al grado Profesional, que son otros seis. Aquí, el nivel de exigencia es mayor y compaginarlo con los estudios donde también te piden más, supone un gran esfuerzo. Tienes que dejar cosas en el camino. El otro día se lo decía a un padre: “Mira, va con la mochila cargada de cosas muy buenas”, aunque sí es cierto que se dejan juegos y otros recuerdos sin disfrutar. En el Elemental, son cinco horas a la semana, ocho en el Profesional más los ensayos en casa.

Es duro compatibilizarlo todo.
Sí, en sexto de Profesional hay entre 26 y 36 alumnos al año. De esos no todos acaban realizando los estudios superiores, que son otros cuatro más. Acaban el Profesional y emprenden otras carreras profesionales. Una salida es dar clases en escuelas y bandas populares. Lo importante es seguir con ese contacto.

¿Hay trasvase del Conservatorio a la Sinfónica?
La Sinfónica tiene sus pruebas, tenemos a muchos alumnos en la Joven. Y, en nuestro caso, el 100% de los que están pasan las pruebas para seguir con los estudios superiores. De esos, hay quienes acaban en la Joven o en la Infantil. También hay músicos en la Banda Municipal. Los dos centros hacen una labor muy importante en la ciudad.

¿Cómo son las relaciones entre las instituciones?
Son relaciones normales de dos instituciones que buscan lo mismo. Igual pasa con la Banda Municipal, con la que tenemos un proyecto de colaboración que será muy interesante. Dentro del Conservatorio, hay cuatro orquestas, tres bandas, dos grupos de percusión, dos coros, una ensamble de guitarras y arpas y un grupo de jazz. Son iniciativas del propio centro y las bandas y orquestas son una asignatura obligatoria porque vemos positivo que toquen en agrupaciones.

Es fundamental que pierdan el miedo escénico, ¿no?
Sí, aunque lo importante es que inconscientemente les aporta una disciplina de trabajo, de respeto y silencio, de escuchar y estar en conjunto. Aprenden valores que son importantes y necesarios.

Eso dependerá mucho del grado de compromiso que tienen los profesores.
En todos los conservatorios hay profesores con distintos pensamientos, pero aquí el hecho de tocar un día como el de Santa Cecilia prueba que trabajamos fuera de nuestro horario porque creemos que es importante que nos vean encima del escenario. Somos un modelo a seguir para ellos. Cuando nos ponemos a hacer música, solo pensamos en eso. Es lo más importante.

¿Cómo están siendo las dotaciones económicas de la Xunta para los conservatorios? El sociólogo César Rendueles dice que para rearmar la ciudad se debe copiar a instituciones que funcionan bien como las bibliotecas. Los conservatorios son otra especie que funciona.
Sí, y podríamos pedir más, está claro, pero los conservatorios gallegos están bien dotados. Con la crisis, las inversiones no son las mismas, eso es verdad, pero el año pasado conseguimos que nos crearan cuatro aulas nuevas. Van reponiendo instrumentos y contamos con auditorio desde hace ocho años. Vienen profesores de otras comunidades y se sorprenden por las infraestructuras. Tenemos que gastar dinero en el mantenimiento del instrumental. Este edificio tiene 28 años y también requiere reparaciones, tenemos instrumentos con la misma edad. En los últimos años, nos han dado más dotación económica. l

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