Cuando la experiencia se gana en la ficción a golpe de simulaciones de accidentes

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El párking del Materno Infantil se convirtió ayer en una tragedia simulada, donde 16 alumnos del  Curso de Atención inicial al paciente politraumatizado, organizado por el Centro Tecnológico de Información, se enfrentaron a  un accidente de tráfico.
Y es que después de las nociones teóricas que fueron masticando previamente on line, los médicos pusieron a prueba lo aprendido en situaciones in extremis como la de un supuesto paciente apuñalado y el siniestro del coche en pleno aparcamiento, que fue el plato estrella.
En medio del caos, el coordinador Javier Aguirre les dejó actuar. En este sentido, el especialista señalaba la importancia de este tipo de experiencias porque “antes solo te quedaba pegarte a los médicos a ver”.
Ahora, los facultativos pueden hacer callo a través de estas puestas en escena gracias en parte a la colaboración de la Fundación Amancio Ortega. En el montaje, Aguirre explicaba que se utilizan materiales muy sofisticados con el objetivo de recrear más fielmente la realidad: “Es una metodología muy cara”.
En esta ocasión, el “plató” se aderezó de humo y fuego para que los profesionales se familiarizaran con estos elementos y se lanzaran a seguir los protocolos: “En una situación real, no puedes dejar que se equivoquen. Los tienes que parar y reconducir”. Sin embargo, en la ficción, los asistentes a las clases pudieron llegar hasta el final sin que nadie se interpusiera. Esto pasó por generar muertes de mentira también y cometer errores, que es la única forma de que se dieran cuenta de los fallos.
A golpe de repetir casos y más casos, Aguirre contaba que los alumnos van teniendo un bagaje porque “asimilan muy bien los protocolos y a la cuarta vez que asisten a una persona infartada ya lo hacen de forma mecánica”. Es por eso que los cursos cuentan con una gran demanda, sobre todo, por parte de especialistas que atienden de urgencia como los del 061, los del propio servicio del hospital o los de Atención Primaria.

seguridad
El técnico afirmaba que este tipo de vivencias, aunque simuladas, les dan la seguridad suficiente como para llegar a un accidente y no titubear. En este punto, el a, b y c de la asistencia pasa, según el coordinador, por buscar la causa: “Puede parecer una tontería, pero es lo primero a tener en cuenta”.
Si se trata de un suceso en la carretera, “debes apagar el coche implicado”. Después, el médico se encarga de realizar un recuento de los que están involucrados y una posterior evaluación de los mismos, “lo que se conoce como triaje”.
En este punto, el doctor tendrá que encontrar a la víctima preferente: “Debe comprobar que todos respiran porque en caso de que no lo haga uno, esa será el primero en ser atendido”. En un orden de prioridades, las hemorragias se presentan como las siguientes a tratar. En el de ayer, los aprendices jugaron con todos los factores posibles en contra: “Algunos se llegan a bloquear y lo pasan mal”.
En general, Aguirre admitía que estos cursos deberían ser obligatorios para todos los médicos porque quien más o quien menos, se da de bruces con una emergencia para la que tiene que estar preparado.
Pese al importante desembolso económico que implican este tipo de actividades, la comunidad médica apoya esta metodología como la forma más eficaz de ganar enteros, en una carrera en progreso que ya no parte de cero, sino que lo hace con ejercicios de ensayo-error en cada casillero particular.

Cuando la experiencia se gana en la ficción a golpe de simulaciones de accidentes