Las marquesinas de la nueva Marina no logran convencer en su primer día

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La puesta en servicio de las nuevas marquesinas de La Marina coincide con un cambio en el tiempo que hace que los coruñeses piensen en la lluvia que amenaza con llegar en breve. Es lo primero que mencionan al hablar de las estructuras: que al no tener paneles laterales no hay protección contra el agua en una ciudad en la que “llueve de lado”. 
Y el tiempo de espera por el autobús puede ser más que suficiente para acabar empapado, dicen algunos de los usuarios de las marquesinas. 
Los menos optimistas tampoco descartan alguna que otra magulladura, derivada de los traspiés que vaticinan por culpa del desnivel de las nuevas paradas. Y es que en una zona en la que la cota única es el signo distintivo –La Marina está pensada como una zona peatonal en la que no haya elementos que dificulten el paso– las marquesinas tienen la base elevada, formando un escalón que ya ha provocado algún tropezón.
Reconocen los habituales usuarios del transporte urbano que la plataforma ayuda a subir al autobús con más comodidad, pero encuentran más riesgo que beneficio. Consideran que en el caso de La Marina supone un peligro para quienes van confiados en que no hay desniveles en la zona y para los que en un momento dado tienen que correr para coger el autobús.
El panel de información de las líneas es el tercer objetivo de las críticas. En las paradas está el mismo tipo de poste que había antes de la reforma y que solo ofrece rutas y horarios. Consideran incomprensible que en algunas de las paradas de la ciudad con más afluencia de pasajeros no haya una pantalla inteligente que facilite el tiempo de llegada de los autobuses y entienden que este era el momento de cambiar el modelo de panel informativo, aprovechando las obras de remodelación.

Las marquesinas de la nueva Marina no logran convencer en su primer día