El “Beowulf” coruñés duerme entre tapas

El dibujante quiso que su personaje estuviera al margen de las versiones anteriores quintana
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El ilustrador David Rubín presentaba en Alita Cómics su nueva obra gráfica “Beowulf” (Astiberri), un mano a mano con Santiago García que da como resultado 200 páginas en las que el coruñés ha pegado un estirón. Asegura que se trata del libro en el que más ha forzado la máquina con la ventaja de que el guionista fabricó para él un traje a medida: “Es un verdadero regalo para cualquier dibujante”, señala.
Al margen de todos los antecedentes del héroe, Rubín ha esquivado los clichés con su lápiz para ofrecer un clásico limpio, fuera de toda contaminación tanto de Hollywood como del papel: “No comulgo con las versiones que se han hecho de Beowulf, nunca me han llamado la atención”. Por eso, la caracterización de los personajes no tiene el toque metalero que suele ir parejo a este tipo de tebeos y que tiende a la caricatura.
Rubín explicaba que la novela gráfica surgió de casualidad cuando un día husmeando en el blog de Santiago se enteró de que el guionista aparcaba el proyecto al que llevaba atado diez años. A pesar de que David necesitaba cambiar de registro y volver al realismo tras la publicación de “El héroe” y “El héroe II”, no lo dudó y lo llamó por teléfono.
Conocidos de los salones y por compartir el mismo sello editoral, Rubín le propuso el reto y los dos se pusieron manos a la obra justo al día siguiente de meter en el horno la segunda parte de “El héroe”.
Sin más contacto que a través de las redes, Skype, Facebook y Whatsapp fueron testigos del proceso creativo y funcionaron como mensajeros de dudas, cábalas y bocetos en un brainstorming que se lidió entre Estados Unidos y A Coruña: “Los dos tenemos puntos en común sobre lo que yo entiendo del cómic”.
La única condición que Rubín le puso a Santiago es que hiciera borrón y cuenta nueva de su anterior experiencia con Olivares. El coruñés pidió un texto pensado para su estilo, que se va retroalimentando de lo que Rubín ha mamado porque “no te levantas un día y dibujas de un modo que no lo ha hecho nadie antes jamás”. David se compara con una esponja que todo lo succiona con la diferencia de que los creativos van poniendo en el vaso de la batidora solo lo que les marca.
Con “Beowulf” ya durmiendo entre tapas, el ilustrador está contento porque el “Cantar de mio Cid” anglosajón se presenta en las manos del lector como algo nuevo. Denso y sin contaminación ambiental, para seguir con un nuevo proyecto donde Rubín coge de la mano al norteamericano Paul Pope. Se trata de una historia juvenil, llena de acción y aventuras. Sin tiempo para descansar, el autor sabe que no hay que desperdiciar este tipo de oportunidades porque “el tren pasa”. Y no espera por nadie. n

El “Beowulf” coruñés duerme entre tapas