El Fabril se desmoronó

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El Pontevedra fue superior tras el descanso y, apoyado en la entrada al campo de Romay, empató un partido en el que lo mejor para el Fabril fue el resultado.
Del primer partido al segundo hubo hasta cinco cambios en el once inicial. En el tercer encuentro de Sergio Pellicer como entrenador del Fabril solo hubo una modificación con respecto a la anterior jornada: Diego Villares de inicio en el lugar de Juanje en el costado izquierdo del ataque blanquiazul. Todo lo demás, intacto del equipo titular que había sacado ante el Rápido de Bouzas. Por cierto, el tímido y humilde futbolista de Vilalba es un mediapunta que no juega de mediapunta y, por primera vez, jugó donde a él le gusta o, al menos, donde mejor lo hace. Con el ’11’ en la espalda de la blanquiazul, Villares tenía como posición de partida la de interior izquierdo. Una de sus características es la disciplina y no se olvidó de que en defensa debía ayudar a Lucas en el carril zurdo. Su otra gran característica es el talento y no se olvidó de que para ayudar al equipo debía abandonar la posición, soltarse de su marca y aportar soluciones en zonas interiores. Casualidad o no, marcó el 0-2 tras hacer un control a la altura del punto de penalti –más centrado no podía estar– después de recibir un pase de Lucas Viña, el lateral que aprovecha el espacio que le genera Villares creando incertidumbre al lateral derecho rival.

El Fabril marcó el 0-2 en el minuto 37, después de dominar prácticamente de forma absoluta todo el primer período y de tomar ventaja antes de que se cumpliese el cuarto de juego con un golazo de Jony Montiel. El mediapunta cedido por el Rayo Vallecano puede aportar en la salida de balón, también en el medio del campo porque no tiene mal pase y es capaz de romper líneas con su conducción vertiginosa, pero donde realmente es letal es en el borde del área contraria. El especialista en las ejecuciones a balón parado del filial blanquiazul esta temporada no es el típico mediapunta que le da mil vueltas a la jugada o que busca el último pase aunque sea prácticamente imposible sino que es un mediapunta con pegada. Darle un metro cuadrado en el balcón del área es darle la opción de cañonear y ayer le sirvió para hacer el 0-1 con un misil imparable. 

Sin marcar ni asistir, el buen funcionamiento del Fabril en el primer tiempo, estuvo custodiado por otros tres futbolistas imprescindibles en el equipo de Pellicer. One lo ganó absolutamente todo por arriba y no permitió que Javi Pazos pudiese correr a su espalda, Carlos López es un seguro de vida en el centro de campo y le da igual que el mediapunta que pise su territorio se llame Pedro Vázquez y Uxío dio un auténtico recital de dejadas, controles a la altura de muy pocos en la categoría y la pausa que necesita un equipo cuando el poseedor de balón tiene muy lejos al resto de compañeros. 

Descontrol
Todo lo bien que pintaba el partido para el Fabril (0-2 al descanso) se desmoronó en la segunda parte. No es lo mismo conservar el balón que dominar con el balón y el equipo de Pellicer cruzó la línea del medio del campo con el balón controlado en ocasiones contadas en el segundo tiempo. El conjunto blanquiazul se atascó en su parcela del campo y ni siquiera fue capaz de conectar de forma directa con Uxío para que este le diese oxígeno al equipo. El Pontevedra también tuvo su parte de culpa. Salió a arrollar, casi sin control y con unas cuantas marchas más que el Fabril. Para tener una pieza en el campo que manejase el timón de un navío tan potente, Luismi le dio casi todo el segundo tiempo a Romay, que fue el mejor jugador de su equipo junto a Álex González. El ex del Fabril hizo el 1-2 en un córner, de cabeza, una de sus grandes virtudes para sorpresa de los simplemente románticos. El Fabril manifestó sus problemas en la defensa de las acciones a balón parado encajando el 2-2 en otro saque de esquina cuatro minutos después. El partido peligró tanto que lo mejor fue el resultado. l

El Fabril se desmoronó