“Hay relación entre obesidad y cáncer. Ahora tenemos que determinar en qué se basa”

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Es como si las células cancerígenas cambiaran la AP-9 por la nacional. La clave está en cortarles la nueva carretera para que no avancen. Con terapias dirigidas.

¿Por qué el metabolismo es importante?
Está demostrado que las células normales y las cancerosas se alimentan distinto. Inyectando glucosa radiactiva en pequeñas cantidades comprobamos que las cancerígenas ingieren más azúcar, aunque necesitan el básico y no porque tomes más, crecen más. Estamos estudiando sus necesidades y cómo han reconvertido su forma de alimentarse. Es como las embarazadas. Comen igual que cuando no lo estaban, un poco más tal vez, pero lo que cambia es la utilización de ese alimento. Aquí pasa igual. Las células cancerígenas comen para crecer, no solo para mantener su energía como las otras.

¿Cómo se puede actuar para que no coman tanto y dejen de crecer?
Hemos visto patrones generales de cómo cambian su metabolismo y con él, las rutas que usan, que son vías sobre las que podemos actuar para atajar el cáncer. Es como si antes utilizaran la A-6 y ahora la A-8. Pues nosotros atacamos a la A-8 con fármacos específicos. Con ellos encendemos o apagamos máquinas de nuestras células. Por eso es necesario saber cuáles son las que hay que desconectar. Con la quimioterapia, vamos a los mecanismos básicos de la división celular. Es muy efectiva, pero afecta a todo el organismo y a veces las dosis no pueden ser tan altas como deberían. Con terapias dirigidas, atacamos a cosas específicas. Por ejemplo, el cáncer de mama se ha dividido en trozos con determinados marcadores. Cada tipo de cáncer es un pastel que partir en cachos y esto nos da pistas sobre sus debilidades. Vamos a los fluidos que emanan órganos próximos y vemos las características y cómo afecta.

¿Cuándo han cambiado el chip para tratar el cáncer con terapias dirigidas?
Con la secuenciación del fenoma. Esto nos permite ir cada vez más al fundamento.
¿Esta forma de tratar a los enfermos ha revertido en un descenso de la mortalidad?
Tendrá un impacto, pero en la mortalidad influyen otros factores. Trabajamos en dos ramas: la búsqueda de tratamientos y la detección precoz. Para lo último, se miran los nutrientes de las células y lo que estas echan.

¿La obesidad es un factor desencadenante de cáncer?
En determinados tipos como el de próstata sí. De hecho, lo probamos en ratones y se alteran. Le damos una dieta más occidental y vamos introduciendo variables. Sí hay una relación. Ahora tenemos que determinar en qué se basa.

¿Y del campo a la ciudad? ¿Varía la frecuencia?
Sí. Por ejemplo, los japoneses tienen un índice muy bajo de cáncer de próstata, pero los que emigraron a Estados Unidos han cuadriplicado la tasa. En esto influyen factores ambientales, de nutrición y estilos de vida.

En 100 años, ¿le habremos ganado la batalla al cáncer?
Es un objetivo muy ambicioso. Queremos vivir más y esto hace tener más posibilidades de que las células acumulen errores. El cáncer no hay que verlo como una enfermedad, sino como un conjunto de miles de enfermedades. Iremos quitando algunas por el camino. Igual que hay enfermedades que antes eran mortales y ahora se curan.

“Hay relación entre obesidad y cáncer. Ahora tenemos que determinar en qué se basa”