El acusado de violar a su novia adolescente asegura que “no la obligó” a acostarse con él

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Como una relación consentida describió ayer ante un tribunal de la Audiencia Provincial el veinteañero los hechos que le sientan en el banquillo, tras ser denunciado por haber violado, en febrero de 2011, a la menor que entonces era su novia, una adolescente de 14 años, en el piso donde ella vivía con su familia, en Fene. El joven se enfrenta a una petición de ocho años de cárcel por un delito de agresión sexual que se deriva del relato de la denunciante y el parte de lesiones del hospital al que acudió tras un encuentro sexual que ninguno de los dos implicados niega. “Yo no la obligué”, se defendió ayer el acusado, que vincula la denuncia con el miedo que la chica sentía a la reacción de su abuela, que según esta parte no aprobaba el noviazgo.
“Estuvimos un rato con su madre viendo la tele y después fuimos para un cuarto ella y yo. Su madre estaba de acuerdo con la relación pero su tío no y su abuela tampoco”, declaró, según informa la agencia EFE. En su versión de los hechos, no era la primera vez que mantenía relaciones íntimas con la adolescente y aquella noche lo hizo después de que ella le pidiera “hacer el amor”.

por la ventana
Sensiblemente distinta es la versión que ayer expuso ante los magistrados de la sección primera la denunciante, que hoy tiene 17 años y que sí reconoció haber mantenido con el acusado otras relaciones “consentidas” antes de la noche en cuestión.
Según su relato, aquella madrugada llegó “borracho” a su casa y entró a través de la ventana, después de reprocharle que lo dejara en la calle “como un perro”. “Me dijo que cuando parase de llover se marchaba, pero no quiso irse”, afirmó la menor, que sostiene que fue su exnovio quien la forzó a tener dos relaciones sexuales completas en contra de su voluntad y por la fuerza. De la resistencia que opuso da cuenta, según recoge el escrito presentado por la Fiscalía, el parte resultante de la primera asistencia médica a la que se sometió, que refiere lesiones íntimas. No obstante, y según destacó ayer en el juicio la defensa, la joven no pidió ayuda ni levantó la voz, algo que ella achaca al “miedo” y la “vergüenza”. En este sentido, el ministerio público hace constar en su calificación que además de secuelas físicas, el ataque ocasionó a la menor “daños psíquicos”, que se concretan en sentimientos de ansiedad, depresión, vergüenza, culpabilidad, ambivalencia afectiva y un bajo concepto de sí misma.
En cuanto al acusado, el fiscal acepta que cuando entró en el dormitorio de la menor se encontraba bajo los efectos del alcohol, lo que pudo afectar a su capacidad de acción y le aplica, en consecuencia, una circunstancia atenuante que, en caso de condena, no le evitará el ingreso en prisión.

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