La actitud vital y el sentido del humor como el mejor de los equipajes

Las coruñesas destacan que la historia es cercana pedro puig
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Soledad y Carmen no lo dudaron y se fueron con lo puesto hasta París en 2002 para pedir que su asociación de fibromialgia adquiriera el apellido de “red” y se incorporara a Europa, en concreto, a la ENFA, y aunque ambas no sabían inglés ni francés, se vinieron con los deberes hechos.
Las tuvieron en cuenta y ocho años más tarde crearon la REDE (Red Española de Fibromialgia, Síndrome de Fatiga Crónica y Sensibilidad Química Múltiple) en la ciudad. Ambas son protagonistas hoy del libro “Inevitable como la vida. Cuando el dolor se llama fibromialgia”, de Ediciones Ablú, y al que le da forma una pluma llamada Xan Eguía, que además colaboró con el colectivo con sus grafitis, su segunda vertiente creativa.
Soledad Morales, que aparece en la historia como Marisol, pasea la novedad por toda Galicia esperando acercar una enfermedad que apenas se tiene en cuenta. La idea fue hacerlo de manera natural con un viaje de anécdotas donde la enfermedad enseña sus pezuñas, pero evitando la parte clínica: “Que fuera una historia nuestra”.
Así, las dos son las dueñas de los imprevistos y las malas jugadas de la fibromialgia cuando “eres bastante torpona” y “vamos a la izquierda en vez de a la derecha”. Asegura que en este punto de la vida, se lo toman a risa, “con conocimiento”, pero en su momento lo pasaron mal.
Cuando fueron a esa reunión, también se encontraron fuera de lugar porque no disponían de traductor, “aunque se dio la casualidad que habló un doctor especialista de Alicante” y a raíz del encuentro, se constituyó una plataforma europea del dolor, el principal y peor síntoma, en la que la vocal, Soledad García Peralta, tiene acento coruñés.
Soledad alaba la fuerza de voluntad de su compañera de batallas, Carmen Barrientos, que “pregunta siempre en la asociación si hace falta hacer algo”. Recuerda el instante en que conquistaron el palacio de Versalles y serpentearon sus jardines: “Llegamos tarde al hotel que era una especie de monasterio que habían alquilado”.
Antes, se tuvieron que pelear con los tornos del metro donde Carmen se quedó atrapada e intentó salir a rastras.
En su periplo, contaron con una tercera mosquetera, Fina, que hoy no participa tanto en las actividades. Soledad anima a sus vecinos a que se hagan con el volumen que sella el origen de su asociación porque los beneficios van directos a las actividades y el apoyo que brindan a los 30 que tienen carné.
Son pocos, pero la miembro asegura que realizan “un trabajo tremendo”. Porque la realidad supera siempre la ficción, las tapas del libro rezan que es una suerte encontrar a dos personas reales, que “dan nombre a dos personajes con una actitud vital y un sentido del humor ejemplares”. Afirman que sí, que “duele mucho”, pero que están vivas y con ganas de vivir. Para poder contarlo.

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