Reportaje | Cuando A Coruña y María Pita montaron su propio “Brexit”

Miles de personas disfrutaron de los fuegos artificiales sobre la bahía coruñesa | javier alborés
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En aproximadamente 23 minutos se desató la batalla. Los fuegos que simbolizaron el ataque naval de los ingleses en 1589 se libraron por tierra y por mar desde dos puntos, a la vez. Por eso, los que miraban desde la barrera, movían la cabeza como si se tratara de un partido de tenis en una puesta en escena que terminó en final feliz, como siempre.
Drake y los suyos, que empezaron con fuerza a eso de las doce, fueron abatidos por un pueblo, que se levantó en forma de palmeras y de tracas. A un lado y otro del Paseo Marítimo, desde la finca de los Mariño y Las Esclavas, los de María Pita acabaron aplacando a los que vinieron en nombre de la “Contra Armada” y que se detuvieron por casualidad en la ciudad.
Pensaron los 23.000 que arribaron en la península que conquistarla era tarea fácil. De esta forma, la firma Focs D’Artifici Europlá representó con una estructura a la Torre de Hércules iluminada como primera combatiente, que avisó a los suyos del peligro. Y este vino en forma de relámpagos y descargas. Se abrió fuego y de la invencible Ciudad Vieja a la menos imposible Pescadería, que arrasaron los británicos, la batalla se intensificó con cañonazos acuáticos y terrestres de múltiples colores, en especial, rojos y dorados, como tonalidades propiamente bélicas.
Los efectos pirotécnicos fueron más allá y la empresa adjudicataria puso sobre el tapete el hundimiento del galeón de “San Juan”. Ya en la recta final cuando el ruido era cada vez más atronador, el blanco y el azul se apoderó de las retinas y los que no pestañearon desde su puesto de mando, supieron entonces que eso era señal de que los tres puntos se quedaban en casa.
Con un presupuesto de 34.400 euros, 8.000 euros menor que el de 2016, la Batalla Naval confirmó que es una de las citas favoritas de los coruñeses. Para la ocasión, se cerró al tránsito los aledaños de las dos lanzaderas, el entorno de Las Esclavas y la Domus, e incluso la hostelería de la zona siguió los consejos del Ayuntamiento y eliminó las terrazas del mapa para evitar incidentes.
Tras el saqueo frustrado, los presentes soltaron anclas hasta el año que viene. Con el sabor dulce de la victoria en los labios y una imagen, la de María Pita con la lanza en ristre como traca final.

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