“A los personajes no los puedes manipular; a mí se me suicidó uno”

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  entrevista de marta garcía márquez

marina mayoral  - escritora

Marina Mayoral recuerda cuando era Marinita y escuchaba historias de difuntos en Mondoñedo. Ese mundo nunca se olvida, asegura. Por eso, pone a su ejército de personajes la misma sensualidad y naturalidad con la que hablan los gallegos del amor y de la muerte. En un pueblo que tiene el mar de Foz y la niebla de su valle, además de ser Santiago y Lugo a la vez. Ella encierra en Brétema todo tipo de “deseos”. Ocultos y manifiestos. Y suenan las campanas.
—¿En su libro hay tantos personajes como deseos?
—Hay tantos deseos como personas. La novela coge a unos personajes con unos deseos bastante generales, de amor y maternidad, de dejar una huella mediante la escritura. En concreto, hay muchos matices del deseo amoroso.
—¿Qué fue primero el personaje o su deseo?
—Siempre salen los personajes antes. A veces vienen por una idea o por algo que has escuchado o visto como ocurre en “Deseos”, que me vino de una frase que oí un día en el aeropuerto: “Tú eres lo único que de verdad he deseado en la vida”, no el único sino la única cosa. Entonces, empiezas a maquinar y sale Constanza.
—¿Y pudo hablar con esa persona?
—Que va, si ocurrió en el aeropuerto. Fue una voz en medio del caos y cuando me volví para verla ya no había nadie. Me tuve que inventar el personaje.
—Y se produce un equilibrio de personajes aunque hay algunos que destacan por su fuerza.
—Todo el mundo tiende a decir que el personaje principal es Constanza pero yo no lo veo tanto así. Son una serie de protagonistas unidos por el hilo común de sus deseos.
—También hay de los que nunca se expresan en alto, tal vez, por la época.
—Los deseos pueden ser manifiestos o ocultos, los ocultos tienen que ver con lo erótico y son aquellos que las circunstancias no permiten expresarlos. Hay que recordar que la historia se desarrolla en un mundo rural gallego pero más que represión, son cosas íntimas de cada uno de los personajes porque en los ochenta ya existía mucha libertad por el mundo.
—Más que escritora, es una estupenda psicóloga.
—Precisamente estudié Psicología llevada por mi curiosidad de escribir porque me interesan esas facetas, los matices diferentes que presentan los personajes.
—¿Le gusta que la definan como una “constructora de personajes”?
—Me encanta aunque yo siempre digo que soy una contadora de historias. Los personajes son importantes en cualquier novela que se precie y siempre me acuerdo cuando saqué la primera y Miguel Delibes me dijo que en tan solo cien paginitas había un derroche de buenos personajes que daban para diez libros.
—Pero algunos los ha aprovechado para otras historias.
—Sí, a algunos los he repescado. Tengo a unas viejas, las señoras da Silva que les tengo mucha simpatía y que repiten en “Deseos”. Es más, por ellas situé la historia en los años ochenta porque no quería que fueran demasiado viejas.
—¿Le pasa que esos personajes le acompañan también en su vida, le dicen cosas?
—Me va a pasar como Galdós que cuando cayó enfermo quiso que le atendiera uno de los personajes médicos de sus libros.
—Y de nuevo sitúa la escena en Brétema.
—Cuando estaba escribiendo “La única libertad”, me di cuenta que necesitaba un espacio y salió Brétema, que es un conglomerado del mar de Foz con la niebla de Mondoñedo y el sonido de sus campanas y de Santiago y Lugo. Todo eso está en mi cabeza. Sin embargo, lo que sucede en “Deseos” puede ocurrir en cualquier parte del mundo porque las pasiones de los que viven allí ocurren en todos los lados, todos tienen deseos de conocer sitios fuera o de permanecer en lo seguro.
—Esa niebla que la envuelve ayuda al misterio.
—A parte de que suene muy bien, en la niebla las cosas se difuminan y me gusta indagar en el misterio de la conciencia humana y de las relaciones.
—Volviendo a los personajes, ¿Cómo cogen forma en su cabeza?
—Los personajes llegan de forma irracional y se hacen autónomos. Tú los oyes hablar pero, a diferencia del escritor del siglo XIX que lo sabía todo, el de ahora tiene que verlo actuar pero no puede decir cómo es. Yo los pongo en situaciones en las que hablan y entonces puedo trascender sus pensamientos. Es como un monólogo interior. Si te lo cuenta un narrador, las cosas son pero si lo hacen los personajes, las cosas parecen.
—¿Van siempre por libre? ¿No los puede controlar?
—A los personajes no los puedes manipular. A mí se me suicidó un personajillo. Yo intenté que no lo hiciera pero un día vi tomándome una copa sentada cómo lo hacía. Luego puedes contarlo o no, yo decidí que no porque estaba muy cabreada con ella. Era una chica que se enamoraba perdidamente de un hippy y no hubo forma de evitarlo. Estudié mucho y di simposios sobre los personajes y puedo decir que actúan por su cuenta. Es lo más misterioso de la literatura.
—Junto a su carácter. Aunque diga que la novela puede pasar en cualquier sitio, todos tienen en común una forma de ser muy gallega.
—La que tiene carácter gallego soy yo y eso confiere una visión del mundo que está muy anclada en la idiosincrasia de mi tierra, con una visión de la muerte y del amor muy naturalistas y una constante referencia al mundo de los muertos porque hay personas que siguen hablando con ellos. Yo escuchaba los cuentos de la abuela de una amiga, cosas terroríficas y ese mundo no se olvida nunca. Los gallegos tenemos esa naturalidad para las cosas sensibles y amorosas.
—Ahora que reina lo antinatural.
—Se universaliza. Ves la televisión y parece de Texas. Ya no hay gente que recoge lo ancestral de siglos.


 

“A los personajes no los puedes manipular; a mí se me suicidó uno”