Un paraíso vintage para los más manitas

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El Mercadillo, una iniciativa solidaria que comenzó Isabel Ruiz Apilánez en favor de una residencia de mayores y que hoy en día se dedica a recaudar fondos para Cáritas y la Cocina Económica, cumple un cuarto de siglo más vivo que nunca. Aunque costó arrancar este 25 cumpleaños, como todo se vuelve a poner de moda, las reliquias que allí venden también atraerán a los jóvenes.
Isabel nunca puso a la venta cosas de mala calidad sino todo lo contrario. Pero los muebles y los elementos decorativos que antes buscaban unas pocas familias expertas o con gusto por lo antiguo, hoy también hacen las delicias de los amantes de lo vintage. Es un paraíso para cualquier manitas aplicado. Hay vitrinas o mesas restauradas a las que se les puede dar una vuelta de tuerca o miles de posibilidades para lámparas a las que les faltan las tulipas y las pantallas.
Pero consciente de lo que apetece ahora cuando no se puede salir de casa es andar enredando con herramientas y con brochas, el alma mater del rastrillo ha incorporado a la oferta de este año “una partida de muebles para restaurar”. “Nos han llegado de un pazo”, le aseguraba a una clienta que a primera hora de ayer, avisada por su profesora de manualidades, se pasó por la tienda en Juan Flórez, 59, ávida de nuevos retos. 
Si bien es cierto que normalmente la mercancía grande no se adapta a todos los bolsillos, por el trabajo que conllevan estas piezas sus precios están algo más ajustados. Lo que más les han donado son vitrinas y armarios antiguos.
Los más puristas también tienen su oportunidad de encontrarlo todo hecho. “Tenemos una mesa de billar espléndida por 2.000 euros, mobiliario...” e, incluso, un lavabo para estar bien aseado en cualquier momento.
Las estanterías lucen por si solas, pero cuando uno entra en este establecimiento que permanecerá abierto hasta enero descubre todo un mundo interior dentro de ellas. Porque las figuritas de porcelana, las vajillas o las cristalerías relucen. “Tenemos una colección de tinteros y objetos de escribanía, lámparas o una vajilla de la Cartuja en azules a la que le faltan algunas piezas pero que es rarísima porque no se hizo en España”, enumera. 
Por la falta de platos no pasa nada. Quizá los que buscan la perfección los echen en falta, pero aquellos que se detienen a apreciar la mezcla de piezas y los contrastes lo aceptarán. Porque es un poco la filosofía en boga entre los jóvenes para dar personalidad al hogar. “Ellos y las empresas de decoración vienen a vernos”, resume. Y reconoce que incluso sus hijas se han rendido a la moda de lo vintage. 
La cuestión es cuántas personas más lo harán. Isabel quiere cerrar por encima de los 22.500 euros recaudados el año pasado y los que quieran ayudar pueden pasarse por la tienda de lunes a sábado de 11.30 a 13.30 horas y de 17.30 a 21.00 horas.

Un paraíso vintage para los más manitas