La Casa Rey se destapará antes de navidades tras su lavado de cara

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La Casa Rey, símbolo modernista de la ciudad, dejará de estar tapada por un andamio antes de navidades, según el estudio de arquitectura ON, encargado de dirigir la obra, siempre que las inclemencias del tiempo no obliguen a retrasar los trabajos. Entre tanto, los coruñeses pueden adivinar tras la rejilla que el inmueble volverá a lucir el mismo amarillo que antes de someterse a la operación de cirugía, un aspecto muy criticado por los que entienden que una plaza de la naturaleza de la de María Pita pide un único color tanto para la parte delantera como la trasera de los edificios que la pueblan. 
Sin embargo, desde la empresa aseguran que la tonalidad entra dentro de un abanico registrado en el Pepri (Plan Especial de Protección y Reforma Interior de la Ciudad Vieja y Pescadería) y aceptado igualmente por la comisión de Patrimonio de la Xunta. El documento permite una variedad de ocres, amarillos y rosas y esto da como resultado, en la actualidad, que los bloques no siguen la misma pauta y eligen el que más les gusta dentro de una gama limitada. Museólogos como Felipe Senén creen que esta libertad cromática no hace más que dañar la imagen de un enclave, que “orixinalmente tiña un tono parduzco”, que muchas viviendas lo pasean, pero otras no. Se alejan y esta circunstancia no encaja en la concepción de una plaza tipo claustro, que responde a un estilo neoclásico de influencias militares, que demanda uniformidad. 
Es por eso que el sector más entendido exige que se modifique la norma y que tanto el Ayuntamiento como la Xunta no toleren este tipo de variaciones: “Desde o Concello, a Concellería de Cultura, ten que velar por iso e non pode ser que unhas estean de rosa fresa e outras de ocre”. Para el técnico, no puede ser que “cada un faga o que lle dea a gana”. 
En cuanto a los parámetros que tuvieron que seguir para el lavado de cara del bloque, están los exigidos al ser catalogada en el Pepri dentro de la categoría de monumental, la primera de una lista de cuatro donde están reflejadas también las estructurales, ambientales y de imagen urbana. Además de atender a cuestiones de conservación  que implican el respeto de todos los elementos de valor que se aprecian en su fachada y que la convierten en única, también han tenido en cuenta la ordenanza general para la zona recientemente reformada. 
Uno de estos aspectos, clave en esta hilera de edificios que miran al mar en la Marina, son las balconadas, que tienen que ser de madera. En cuanto a la Casa Rey, el equipo que trabaja en dejarla perfecta destaca que el material de las galerías es muy bueno, lo que facilita su puesta en valor. Los balcones son de pino y los detalles que dibuja la madera reafirman su condición de histórica: “Es un edificio con mucha calidad y las galerías son espectaculares”. 

el número 12
Obra de Julio Galán, el número 12 de la plaza de María Pita data de 1911 y condensa en su arquitectura la esencia de la ciudad de cristal. La cornisa rizada, la cerámica vidriada de inspiración mudéjar y los balcones de la fundición Wonemburger hacen de ella una auténtica casa de muñecas para las princesas de Marineda, adornadas en sus balcones con tocados de gardenias y palmas. Su portal transporta a los viejos clubes ingleses, engalanados con pavos reales que protegen a sus habitantes y recuerdan el deseo de los amantes. 
En Puerta Real, también destaca el Diente de Oro, de Leoncio Bescansa y levantado 15 años más tarde. Enfrente a la Casa Rey, la Casa Molina (1915), de González Villar, bebe del modernismo italiano de Turín con sus guirnaldas y cintas colgantes.

La Casa Rey se destapará antes de navidades tras su lavado de cara