Barcelona homenajea a las víctimas del 17-A sin poder esquivar la politización

Las autoridades acudieron al acto, al igual que familiares de las víctimas mortales y numerosos vecinos de Barcelona y turistas | andreu dalmau y alejandro garcía (efe)
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Flores amarillas, blancas, rosas y azules cubrieron ayer a mediodía el mosaico de Joan Miró de La Rambla de Barcelona, convertido como hace un año, en un altar en homenaje a las víctimas de los atentados terroristas del 17 de agosto, en un lugar en el que hubo catorce muertos y decenas de heridos. Sin embargo, el recuerdo de las víctimas no impidió que de nuevo los actos se tiñesen de color político con, entre otras cosas, pancartas contra el rey o las declaraciones del propio presidente de la Generalitat, Quim Torra, que aseguró que él “no quería” estar junto al monarca.
Miró siempre quiso que su obra fuera un elemento de bienvenida a los turistas que llegaban por mar y a los que quería invitar a pisar las losetas negras, azules, blancas, rojas y amarillas que luchó para que estuvieran colocadas de forma irregular.

El punto fatídico
Sin embargo, el año pasado se convirtió en el punto donde terminó su macabro recorrido la furgoneta que conducía Younes Abouyaaqoub, y donde de forma improvisada se quiso honrar entonces, como ayer con un acto sobrio y emotivo, a los fallecidos, heridos, y a sus familiares.
Algunos de los floristas del popular paseo, el más frecuentado de la capital catalana, reconocieron a Efe que fue “duro” levantar las persianas de sus paradas porque se vuelve “a recordar de nuevo todo lo que se vivió en agosto del año pasado. No hay palabras para describir ese día”.
Desde primera hora no pararon de despachar ramos de flores, tanto a barceloneses como a turistas, que querían hacer su particular ofrenda a las víctimas del atentado. Si a las diez de la mañana fueron los familiares y las autoridades las que acudieron hasta el Pla de l’Os, en horas posteriores miles de personas se acercaron a esta altura de la Rambla y tanto depositaron peluches o escritos en honor a los muertos como encendieron algunas velas.

Comunidad islámica
También hubo quienes desplegaron pancartas, como los miembros de la comunidad Yamaat Ahmadia del Islam en España, con el lema, en catalán y castellano, “amor para todos, odio para nadie”. Uno de sus portavoces, Khawar Khaliel Malik, remarcó que acudieron a la Rambla para mostrar su apoyo a las víctimas y porque son contrarios a “los actos terroristas y a cualquier tipo de violencia”.
En inmediaciones del mosaico de Miró se podía leer asimismo en otra pancarta que “los compañeros y las compañeras musulmanas también son víctimas”.
Tampoco pasó desapercibida una mujer contraria al aborto que aprovechó la jornada para hacer su reivindicación, mientras de fondo grupos de independentistas y de personas favorables a la unidad de España se enzarzaban en discusiones relacionadas con el “procés”, con vivas a España mezcladas con las notas de “Els Segadors”, acompañadas por la guitarra de uno de los presentes.
Como dejó sentado hace ya unos cuantos siglos el griego Heráclito, el fundamento de todo está en el cambio incesante, y la Rambla, una palabra de origen árabe –ramla, que sirve para designar un arenal o una riera–, no escapa a ello, aunque aquí las personas son siempre el paisaje.
La calle donde se celebran las victorias del Barça, donde durante años paseaban los impolutos marinos norteamericanos, la de las prostitutas y los travestis, o donde George Orwell vivió estupefacto las peleas entre las izquierdas en la guerra civil española, hoy es un río humano que no olvida y que quiere que esta sea “una ciudad de paz”. 

Generalitat
Con todo, en medio de la jornada, y pese a las peticiones de las víctimas, el presidente de la Generalitat catalana, Quim Torra, se desmarcó para defender la pancarta instalada contra el rey en las inmediaciones de la zona del homenaje. Así, explicó que él no quería estar al lado de Felipe VI durante el homenaje a las víctimas de los atentados. 
Aseguró, no obstante, que el monarca no le dijo nada cuando él mismo le presentó a la mujer del exconsejero de Interior Quim Forn, Laura Masvidal, y que cuando esta saludó a otras autoridades “algunos bajaban los ojos”.

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