Los vándalos del botellón se ceban con la marquesina de Entrejardines

Las pintadas del metacrilato de la marquesina resultaron bien visibles tras la noche de fiesta en los jardines de Méndez Núñez | pedro puig
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El 6 de noviembre se inauguró la parada de Entrejardines como nueva terminal de los buses procedentes de varios municipios del área, fruto de intensos debates entre la Xunta y el Ayuntamiento. La propia conselleira de Infraestruturas, Ethel Vázquez, viajó a bordo de uno de los buses desde O Burgo para inaugurarla triunfalmente, pero ayer le tocó el turno a los participantes del botellón, que encontraron en la nuevas instalaciones el refugio perfecto para protegerse de la lluvia que cayó en la ciudad durante la madruga, dejándolas cubiertas de basura y pintadas.
Ese fue el panorama con el que se encontraron los viajeros que acudieron a Entrejardines para dirigirse al área metropolitana, o viceversa: tuvieron que sentarse entre botellas, vasos y bolsas vacías, y entretenerse contemplando en el metacrilato las firmas de tres artistas callejeros. Hasta ahora, el buen tiempo reinante había permitido a la marquesina salvarse de las atenciones de los jóvenes vándalos, pero las circunstancias han cambiado.
El servicio de limpieza municipal, que cuenta con un dispositivo de refuerzo para el botellón, recogió la basura de la marquesina, aunque no pudo hacer nada por limpiar el grafiti, que había quedado escrito de forma indeleble en el cristal. Por lo menos, hasta que se borre con productos específicos.
 

Una infraestructura esperada
No es un comienzo muy alentador para una infraestructura cuya gestación había resultado complicada por los continuos desencuentros entre la Xunta y el Ayuntamiento. Este último no quería entregar la licencia de obras, alegando errores de diseño que impedían instalar la marquesina. Antes la obra se había demorado debido a que la Concejalía de Regeneración Urbana consideraba necesario realizar obras de saneamiento en la recogida de pluviales.
De todos modos, no es la primera vez que las instalaciones públicas sufren el deterioro causado por los vándalos que participan en el botellón, aunque normalmente es la propiedad municipal la que sufre estos desmanes. El más recurrente es el del reloj floral que sufrió daños por última vez durante la noche de Halloween cuando habían pasado algo menos de 24 horas desde que las agujas se habían instalado de nuevo. El minutero amaneció doblado, lo que dista de ser algo extraordinario porque fuentes bien informadas señalan que al cabo de un año, el reloj puede sufrir más de 30 atentados, de manera que está más tiempo sin funcionar que en activo debido a este problema.
Los jóvenes vándalos también se ensañan con la flora: el Ayuntamiento tuvo que disponer una protección en el tronco de un árbol exótico, de la especie ombú, después que el servicio de parques y jardines descubriera numerosas cuchilladas en su corteza. Aunque la Patrulla Verde fue informada de ello, no se llegó a encontrar a ningún responsable, aunque tampoco se suelen localizar en el caso del reloj floral.

Los vándalos del botellón se ceban con la marquesina de Entrejardines