Lendoiro, en su peor momento en 25 años

Augusto César Lendoiro
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El fútbol tiene poca memoria. Los que hace unos años pedían un busto para Lendoiro en María Pita le acusan ahora de todos los males del Deportivo. Es la cabeza visible y cuando se llega a determinadas situaciones puede ocurrir que a un directivo que ha trabajado por los mejores 25 años de la historia del club se le pidan las responsabilidades que la afición solicita.

 malestar - Los agentes españoles no llaman como antes al Deportivo

Desde su llegada al club ha vivido momentos complicados. El gol de Vicente que evitó el descenso a Segunda B, la promoción contra el Betis en la que el equipo aguanta la categoría, los problemas de la temporada 97/98 con el cambio de entrenador y el equipo besando posiciones de descenso, la durísima asamblea cuando la Champions se alejaba en el último año de Irureta, el descenso de hace dos temporadas... En todas estas situaciones deportivas salió airoso, incluso después de bajar de categoría ya que se reforzó la imagen del deportivismo gracias a su espectacular afición.

En estas situaciones comprometidas muy pocos de los abonados miraron al palco y pidieron la cabeza del presidente, pero el sábado se llegó a un punto demasiado complicado, porque el deportivismo reparte las culpas entre todos los estamentos del club y, ahora, entienden que la apuesta presidencial de trabajar sólo con Mendes (posiblemente porque no se podía hacer otra cosa) ha ‘matado’ prematuramente al Deportivo.

 

mala imagen

Por si fuera poco, resulta que ahora el club tiene ‘mala imagen’ en el fútbol español a nivel intermediarios, agentes y representantes. Los que llevan a los jugadores no llaman como antes a las oficinas del club ¿para qué?, se preguntan.

Como quiera que el club lo hace todo con futbolistas de Mendes (hay que insistir en que es más una obligación que una elección libre) algunos de los mejores agentes españoles se dicen ‘mejor que descienda el Deportivo, que no hace ni un fichaje con nosotros y que ascienda uno que sí los haga’. En el seno de la entidad se sabe que esta frase es una realidad cotidiana en boca de muchos representantes.

Aunque el presidente blanquizul es un hombre acostumbrado a las situaciones límite en esta se juntan muchos factores que están minando su papel en el club. Los problemas económicos tampoco le están ayudando lo más mínimo y, aunque sus allegados dicen que se ve con más fuerza que nunca para continuar, la procesión debe ir por dentro.

Nunca Riazor había sacado una pañolada de esta magnitud al presidente blanquiazul más laureado de todos los tiempos. La afición ya no entiende de historia, de títulos, sino de realidades. Quiere victorias, quiere triunfos y quiere dignidad.

Ahora toca viajar a Sevilla, para jugar el viernes un partido complicadísimo. Luego llegará el Real Madrid a Riazor. No se cuenta con ganar a los blancos a tenor de cómo está el equipo, pero luego llegará el Rayo Vallecano, en un choque al límite en el que, de no dejar una buena imagen en el campo, puede que el estadio blanquiazul dicte sentencia sin recurso de apelación.

Lendoiro, en su peor momento en 25 años