Atribuyen el crimen de Asunta a un pacto causado por un “razonamiento perverso”

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Un “razonamiento perverso” es la hipótesis con la que trabajan los investigadores del crimen de Asunta, la menor de 12 años a la que adoptaron cuando aún no tenía uno y que hace casi un mes, el 22 de septiembre, fue hallada muerta por dos viandantes en una pista forestal de Teo, cerca de Santiago.
Fuentes cercanas al caso indicaron que la conclusión de la exhaustiva investigación “removerá conciencias”. Y es que son muchos los indicios que llevan a pensar que detrás de la muerte de la pequeña hay una historia truculenta que dejará a la sociedad “tocada”.
Este tipo de crímenes suponen un gran impacto en las conciencias ciudadanas y más si se llegan a confirmar las diferentes hipótesis desgranadas por diversos medios de comunicación.
Así, mientras que el periódico La Voz de Galicia publicó que en la instrucción la conjetura que predomina es que los padres de la víctima habrían actuado “de común acuerdo”, en el caso de él por una dependencia, y en el de ella, porque se habría cansado de ser madre; en “El Correo Gallego” se apunta a un desengaño amoroso sufrido por la madre. Todo ello aderezado además con la supuesta intención de Rosario Porto de romper con el pasado e iniciar una nueva vida.
Según estos periódicos, Porto habría decidido cerrar su despacho, dimitir como cónsul honorario de Francia y separarse de su pareja.

Pruebas forenses
La acusación que pesa sobre Porto y Basterra, los únicos imputados, que negaron los hechos, se elevó de homicidio a asesinato y en el endurecimiento de la calificación pesaron las pruebas forenses –sangre, gástricas y de pelo– al revelar que Asunta era sedada con Lorazepam, un ansiolítico cuyo registro más alto corresponde al día 21, jornada en la que murió la pequeña.
En el mes de julio, también hay significativas concentraciones de este tranquilizante de la familia de los benzodiazepínicos y cuya marca comercial más conocida es Orfidal, un fármaco que se utiliza para tratar estados de ansiedad y siempre bajo prescripción médica.
Días antes del crimen, Asunta faltó al colegio y a sus clases de ballet, a consecuencia de las pastillas que debía tomar según argumentó, en estos casos, su propia madre.
En los respectivos autos de prisión, apelados infructuosamente, el magistrado José Antonio Vázquez Taín, que alude a la “brillante” exposición del fiscal  del caso Jorge Fernández de Aránguiz, ve “clara” la presunta participación de Porto en la muerte y en el caso de Basterra introduce un matiz.
“Ha de considerarse que los indicios apuntan firmemente a que el fallecimiento de Asunta se produjo en una sucesión de actos, alguno de los cuales, indiciariamente, se pueden imputar a Alfonso”, razona el juez instructor, quien añade que Basterra estaba “con Asunta en dos incidentes anteriores en los que la menor sufrió también presuntas ingestas de fármacos”. n

Atribuyen el crimen de Asunta a un pacto causado por un “razonamiento perverso”