Un ingeniero sirio refugiado en España ofrece su tiempo como agradecimiento

Stranded refugees and migrants try to protect themselves from the rain next to a shelter for refugees and migrants at the port of Piraeus, near Athens, Greece, March 12, 2016. REUTERS/Michalis Karagiannis TPX IMAGES OF THE DAY
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El joven Muhannad, de 29 años y origen palestino, sabe lo que es no encontrar una patria que pueda sentir como propia, pues salió de Palestina con su familia siendo todavía un niño y se asentó en Siria. Allí creció y se convirtió en ingeniero, dedicándose a la labor docente como profesor en la Universidad de Aleppo hasta que las detenciones de parte del claustro y de numerosos alumnos, según avanzaba el conflicto, le obligaron a salir también de Siria.
Muhannad fue el primero de los suyos en salir de Siria, en 2013. Se instaló en Argelia, “el único sitio que te reconoce siendo palestino”, y allí comenzó a trabajar en la construcción con la meta de ahorrar el dinero suficiente como para ir sacando de Aleppo uno a uno a sus tres hermanos y a sus padres y poder después cubrirles los gastos del viaje clandestino desde Siria.
“Tener que ir a estas vías ilegales para llegar a Europa es muy injusto, pero es complicado solicitar asilo en las embajadas o pedir un visado, y viajar de forma legal y segura es simplemente imposible”, explica Muhannad.
Su hermano, el primer pariente en reunirse con él, cruzó el Mediterráneo hasta Italia desde Libia. Sus padres y sus otros dos hermanos se embarcaron en el Egeo hasta la costa de Grecia. Mientras, él seguía en territorio argelino tratando de ganar dinero para costearles el viaje hasta su destino final: Suecia.

RUMBO A MELILLA
Cuando todos llegaron, él cogió rumbo a Melilla, cruzó la frontera y fue alojado en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, donde pasó 50 días esperando el permiso para cruzar a la Península y seguir hacia el norte de España. Cuenta que la experiencia allí “fue en general buena”, se enroló con un grupo de voluntarios para asistir a otros refugiados y a los niños del CETI. “Conocí a muchas personas, españoles, e hice relaciones muy estrechas en muy poco tiempo”, apunta el joven Muhannad.
De Melilla a Sevilla, a un programa de acogida de CEAR y de allí, rumbo a Suecia. 
El día que volvió a ver a los suyos, hacía tres años de la última vez, y no duró demasiado, ya que las autoridades suecas le comunicaron que en virtud del acuerdo de Dublín, su solicitud de asilo era responsabilidad de España, el primer país europeo que había pisado, y le mandaron a Madrid. 

CIUDADANOS ANÓNIMOS
“Pensé que al ser un caso especial porque tenía allí a toda mi familia, me dejarían quedarme, pero prendí que la ley es la ley y no hay sentimientos”, comenta este refugiado nacido en Palestina. De Suecia a Madrid y en la capital, un mes viviendo en casa de lo que él define como “grandes amigos” y a los que llegó gracias a las redes que había tejido en Melilla. Son ciudadanos particulares que se organizan para asistir a refugiados que están fuera de los programas de acogida, bien porque han agotado el tiempo de protección, bien porque están en tránsito, y necesitan ayuda, como Muhannad.
Ahora lleva en Sevilla como refugiado tres meses y medio y ofrece su tiempo y sus conocimientos gratis a quien los pueda necesitar porque está “muy agradecido” por la acogida y siente que debe devolver el favor a quienes lo arroparon a él al llegar a España. Así, ha difundido su ofrecimiento en Facebook en una página creada específicamente para dar las gracias y decirle a los españoles que pueden contar con él, ya sea para realizar chapuzas en el hogar como para aprender matemáticas, física, árabe, inglés o laúd, porque “puedo decir honestamente que por primera vez empiezo a sentir que tengo un hogar y estoy agradecido”, contó a Europa Press.

Un ingeniero sirio refugiado en España ofrece su tiempo como agradecimiento