Adiós al poblado desde un apartamento con vistas

Los vecinos de la plataforma Ventorrillo Desmantelamiento Penamoa subieron hasta el poblado
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E ntre los últimos pobladores que se marchaban había una joven con el pelo largo y negro, hasta la cintura. Cuando cruzó el puente de la Tercera Ronda para no volver, se giró y gritó “¡Hasta nunca, Penamoa!”. Lo hizo sonriendo, antes de seguir caminando monte abajo hasta el cercano edificio ocupado de A Silva, desde cuyo ático otros antiguos chabolistas contemplaban los trabajos de demolición de sus viejas casas. Durante las últimas semanas más y más familias gitanas, tanto las que participan en el Plan Especial de Realojo como las que no, han ido ocupando los pisos aún por entregar del bloque de la avenida de Finisterre y se calcula que más de 20 familias gitanas y una docena de okupas se reparten los pisos.

Los últimos fueron las cinco familias portuguesas que fueron desalojadas ayer, pero incluso ellos ya tenían ocupados varios pisos ante el anuncio de la demolición. “Se está mucho mejor aquí que en Penamoa –reconocía uno de los chabolistas reconvertidos en okupas– porque estas son casas de verdad”. A pesar de que llevan varias semanas allí, la asociación de vecinos de O Ventorrillo reconoce que en el bloque no se trafica con drogas. Ellos lo achacan a la intensa vigilancia policial, mientras que los gitanos aseguran que es porque ellos no quieren narcotráfico: “Echaremos a cualquiera que pillemos haciéndolo. Lo que nosotros queremos es vivir tranquilos, como personas, y ésta es la única manera de tener viviendas”.

El Ayuntamiento pidió al juzgado un desalojo por vía de urgencia. “Es una ocupación ilegal, y no vamos a aceptar un chantaje”, afirmaba el alcalde, Carlos Negreira, que respondía así a las declaraciones de las familias gitanas que afirman que no volverán a ser chabolistas, sino que continuarán con su recién descubierta carrera de okupas: “Cuando nos echen de aquí, nos iremos a ocupar otros pisos en Arteixo o a Oleiros o a Sada. Los ayuntamientos se enfrentarán por nosotros”.

La ocupación levantó aún más polémica porque entre los nuevos habitantes de Residencial Finisterre existen individuos realojados por el Plan Especial de Penamoa que, a pesar de que fue iniciado por el bipartito, el gobierno de Negreira siempre ha apoyado y considerado un éxito. El alcalde declaró que “los servicios sociales no hacen política, sino que hacen servicio a la ciudadanía” y el concejal del área, Miguel Lorenzo, aseguró que se le retirarán las ayudas a los realojados a los que se les descubra viviendo allí, pero os hechos ponen en entredicho los supuestos éxitos del plan.

 As Baixadoiras > En cuanto al tráfico de drogas, que siempre se ha visto como el principal problema que generaba Penamoa, la plataforma vecinal Ventorrillo Desmantelamiento Penamoa señala que se ha desplazado a los descampados en los límites del barrio. Concretamente, el de Agra das Baixadoiras, una zona de “silva” entre las que surgen sospechas tiendas de campaña. De ahí que se presentaran en la demolición vistiendo camisetas en las que podía leerse “No Penamoa 2” y un letrero indicativo en el que señaba la dirección a esta “Penamoa 2”:“Siguen existiendo zonas pequeñas, dispersas, donde se practica el trapicheo”, explica la portavoz, Ana Oreiro.

La presidenta de los vecinos de O Ventorrillo reconoce también el problema de los puntos de narcotráfico dispersos por los descampados “que no me cansaré de repetir que no es nuestro, sino de toda la ciudad”. Rosa Barreiro también recordó que la victoria de ayer es de todos los vecinos, que han estado luchando durante años para “visibilizar un problema que se ocultaba desde las instituciones”. Pero también las familias gitanas quieren visibilizar su propio problema, el del acceso a la vivienda, que han acercado a la ciudadanía al ocupar el inmueble de A Silva. Uno de ellos cantaba mientras veía caer Penamoa una consigna aprendida de sus nuevos vecinos, los okupas: “Un desalojo, otra ocupación”.

 

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