La primera misa de domingo tras el confinamiento se celebra con distancia y sin ritos de paz

El uso de mascarilla es obligatorio en la iglesia | pedro puig
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Con la entrada en la fase 1 de la desescalada, las misas pudieron volver a celebrarse esta semana y todos los creyentes encontraron una vía de escape para rezar en estos momentos de incertidumbre y preocupación constante. Ayer en la Orden Tercera se ofició la primera misa de domingo desde que se decretó el estado de alarma, y lo hizo con todas las medidas de seguridad y recomendaciones sanitarias.
La devoción es la misma, pero basta con mirar al interior de la iglesia para observar que algo ha cambiado. El coronavirus ha obligado a todos los fieles a acceder al interior de la capilla con mascarilla y, a la hora de sentarse, una cinta negra y amarilla separa los  bancos para mantener el distanciamiento social decretado por las autoridades. Tampoco se puede dar la paz a la persona que se encuentra cerca, y a la hora de comulgarse, debe hacerse en la mano y evitar recibir la hostia sagrada en la boca. “El sacerdote, antes de consagrar, se echa gel desinfectante para poder dar la comunión en la mano”, dicen desde la Orden Tercera. El capellán es el único que puede permitirse no llevar mascarilla puesta, ya que la distancia a la que se encuentra de los bancos evitar cualquier posible contagio de coronavirus.

En esta iglesia las indicaciones son claras ya incluso antes de entrar. No se puede sobrepasar el aforo señalado, hay que sentarse donde se indique y está prohibido tocar y besar las imágenes de su interior. El uso de la mascarilla, además, es obligatorio en toda la celebración de la eucaristía.

El día grande
Si bien ayer fue el día grande desde que terminó la fase 0 del estado de alarma, las misas ya se llevan celebrando en esta iglesia desde el pasado lunes. “Se cumplen perfectamente las medidas y la gente que asiste a las misas respeta todas las medidas, como el uso de las mascarillas”, indican. 

Desde la sacristía de la Orden Tercera comentan, por otra parte, que el hecho de no poder celebrar el ritual de dar la paz es algo que todavía sorprende a los asistentes, ya que “no están acostumbrados y lo hacen de forma automática”. En este templo todavía recuerdan con lástima y mal sabor de boca la pérdida de la Semana Santa, para la que ya estaban todos los preparativos casi terminados. Y es que esta es una de las celebraciones grandes de esta iglesia coruñesa, que gracias a sus procesiones reúne a centenares de personas. “Fue una pena”, reconocen.

Muchos fieles ya miran cara al futuro, cuando, en la segunda etapa de la desescalada la restricción del aforo se ampliará hasta el 50% y se restablecerán los servicios habituales, tales como las catequesis y los grupos de oración. Todo ello, manteniendo las medidas de higiene y distanciamiento social. 

En la tercera fase se prevé que se recupere una vida pastoral “ordinaria” y las misas podrán desarrollarse sin cambios o incidentes. Al fin y al cabo, la religión es una forma de evadirse de la dura realidad que invade los hogares coruñeses.

La primera misa de domingo tras el confinamiento se celebra con distancia y sin ritos de paz