El flujo y reflujo de la negociación en María Pita

|

Desde que comenzó su mandato, resultó obvio que la Marea Atlántica tendría que entenderse con el PSOE si quería sacar adelante sus propuesta en los plenos. Las matemáticas son claras: con solo diez concejales, el Gobierno local tiene el mismo número que el PP, que mantiene una fuerte oposición. El BNG solo tiene uno, insuficiente en cualquier caso. Solo el PSOE, con seis ofrece a Gobierno de Xulio Ferreiro una posibilidad de pacto. Pero no es una tarea fácil, según el portavoz socialista, José Dapena, que siempre se queja de la forma insólita que tiene de negociar el partido en el poder. 
“Es todo lo contrario a lo que repite con frecuencia el alcalde: transparencia y diálogo”, asegura. El desencuentro que han protagonizado los dos partidos a propósito de la aprobación (con retraso por primera vez en más de 30 años) de los presupuestos municipales, y que aún colea, no es más que uno entre otros muchos. 
Primero a través de Mar Barcón y luego de Dapena, los socialistas siempre han considerado que la Marea Atlántica se olvida a menudo de que gobierna en minoría, y que trata de buscar fórmulas para conseguir más libertad de movimientos. La última, con la aprobación del Programa Eidus en la junta de gobierno, en vez de en pleno, después de que su asesora legal elaborara un informe jurídico que señalara que era factible. “Es una estrategia de no entender el diálogo y la negociación como buscar acuerdo, sino para hacer gestos, nunca va a encontrar el respaldo del PSOE. Es un gobierno en minoría, que necesita acuerdos, no subterfugios”, recuerda Dapena.
Por su parte, el alcalde, Xulio Ferreiro, siempre ha ondeado la bandera del diálogo, y  adoptado un tono razonable para criticar la forma en la que se comporta el PSOE, alegando que los proyectos que presenta se basan en su programa, que mantiene muchos puntos en común con el socialista, y que están abiertos a cualquier sugerencia. 
Un reproche que Ferreiro tiene que escuchar a menudo de las filas socialistas es que negocia cuando no le queda más remedio, o en el último momento: como cuando quiso aprobar un modificativo de crédito que consideraba urgente y necesario para afrontar los pagos y lo presentó sin haberlo pactado con los grupos en la oposición. “Esta forma de trabajar no sé si responde a la mala fe o a la falta de capacidad, se hace deprisa y corriendo, supuestas reuniones de trabajo, pero sin documentación suficiente. A trompicones, acelerada”, describe Dapena.
Ferreiro asegura que “cando lles dimos as cousas demasiado acabadas non lle gustou, porque querían  participar na súa elaboración. E agora, cos presupostos, lles dimos un punto de partida e queren a cousa acabada. Habería que aclararse”. Pero tras los problemas para aprobar el modificativo de crédito y de las ordenanzas fiscales, el 4 de noviembre se llegó a un acuerdo para crear una comisión negociadora que no se convocó. Parece que ambas partes se entienden solo porque están condenados a hacerlo.

El flujo y reflujo de la negociación en María Pita