Reportaje | La ciudad que niega la rendición frente al ejército francés de Bourke

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En esta nueva entrega, seguimos en el punto en el que lo habíamos dejado para continuar y retomar el relato inicial.
El día 21 de julio se pone en conocimiento del Ayuntamiento mediante un oficio remitido por el general Quiroga, quien pide al Concejo la cantidad de 200.000 reales a cuenta de la contribución del pueblo, que se llame a algunos capitalistas para que entreguen a la Junta de Intervención de fortificación, compuesta de los señores, Ibáñez, Galcerán, Torreiro y Dalmau, las cantidades que puedan aportar.
De este modo el comandante de la Milicia aporta 1.500 reales para la recomposición del armamento, llegándose a recaudar un total de 30.000 reales de las aportaciones que hacen los mayores contribuyentes de la ciudad, entre los que se hallaban Ramón Diago, Pedro Marzal, Antonio Bartoli, Plácido Muñoz, Felipe Elorz y José Esteban Álvarez, que aportan 2.000 reales cada uno.  Mientras que Barcia y su hijo mayor, Salvador Rivera e hijo, Juan Francisco Barrié, José Arias y José Fernández, aportan 3.000 reales cada uno, luego habrá diversas cantidades que van oscilando entre los 300 hasta llegar a los 1.500 reales, de los cuales: Juan Ventura Galcerán, Mariano Bosomba y Francisco Ferrer y Alba entre otros, figuran con 1.000 reales cada uno. Siendo Francisco Romeu, el único que aporta esos 1.500 reales.  Es decir, todos los mayores contribuyentes del momento en A Coruña y también la flor de la burguesía local. El día 22, sábado, un barco logra burlar el bloqueo naval francés del puerto de A Coruña y arriba al inglés de Plymouth. El barco de bandera española “Augusta”, cuya nave llevaba algunos pasajeros que habían salido de A Coruña y alguno de los mismos es el que hace referencia a los sucesos de la batalla antes de proceder al cerco, indicando que los franceses habrán tenido 700 bajas entre muertos y heridos.
Los días 23 y 24 discurren sin apenas incidencias en las líneas y en el bombardeo francés sobre la ciudad, mientras que el 25, los franceses esperan penetrar en la ciudad definitivamente, en tanto que en los círculos liberales que se movían en Londres, donde esperaban obtener apoyo logístico y militar. Estos apuraban las jornadas para convencerles de que si aquella ciudad recibía ayuda, podría aguantar el cerco al menos por seis meses, pero mientras no se pusiese en marcha una ayuda suficiente como para expulsar a los franceses como había sucedido de 1808 a 1814, la ayuda sería imposible.
Fue ese día en el que el general Quiroga vuelve a reclamar al Ayuntamiento que proceda a la recaudación de tributos por la necesidad urgente que tienen de realizar la compra de  vestimentas y de pagar a la tropa lo que se le adeudaba, ya que los 30.000 reales recaudados eran insuficientes.
Al día siguiente llega al puerto de Liverpool el navío “Minerva”, a bordo del cual viaja la dama coruñesa Doña Juana de Vega, esposa del general Espoz y Mina, quien porta un mensaje en el cual confirma la presencia del general Quiroga en la plaza y que el Ejército y las Milicias bajo su mando estaban dispuestas a seguir en la defensa de la causa constitucional hasta el fin.
El día 27 se hace urgente recibir algunos socorros para seguir resistiendo el cerco, de modo que es Antonio Quiroga quien confecciona una lista con las necesidades precisas para la defensa, haciéndose llegar al Intendente del cuarto Ejército de Operaciones. Este se la remite al embajador Jabat en Londres para su inminente cumplimiento pidiendo, entre otras cosas, dinero en efectivo para paliar los gastos y carne, así como diversos efectos varios.
Fue ese día cuando las defensas francesas se vieron reforzadas por la artillería que desplazan desde Ferrol y que sitúan en los Altos de Santa Margarita, intensificando el bloqueo marítimo incluso con barcos dedicados al corso.
Dentro de este episodio de resistencia de los defensores de A Coruña, hay que destacar un hecho desagradable que acontece aquel mismo 27 de julio de 1823, lo que constituiría  la acción más deleznable de aquella contienda civil: el asesinato de 51 realistas que se hallaban presos en el penal de San Antón.
 Fueron a ellos, bajo el pretexto de que iban a ser embarcados hacia otro puerto más seguro, a quienes se les había trasladado el día 22 al quechemarín “Santo Cristo”, entre los que se encontraban notables personajes del partido realista, a los cuales se les conduce a bordo de dicho barco unas millas mar adentro de la bahía coruñesa. Después de ser maltratados por los soldados, resultaron acuchillados por estos y arrojados al mar. Al parecer la responsabilidad de esta acción recaería en el gobernador militar de la plaza, Méndez Vigo.
Esta decisión fue tomada en nombre del propio gobernador ante las amenazas de aquellos presos absolutistas que jaleaban la intervención francesa en apoyo del monarca. A la vez amenazaban a los constitucionales con pasarlos a cuchillo cuando se viesen libres, ya que en A Coruña no quedaría un solo liberal con vida, por lo que quizás ante esta presión y la que supuso el cerco de la ciudad, tomase Méndez Vigo o alguien en su nombre, esta decisión tan polémica como despreciable.

Solitaria oposición
El desarrollo de esta tragedia da inicio cuando en el penal del Castillo de San Antón se hallaban prisioneros un grupo de realistas que habían sido juzgados en Burgos, estando acusados de conspiración, en la cual habían intervenido el Secretario del Rey Fernando VII, Domingo Baso y Mozo, así como el capellán de la capilla Real, José Manuel Erroz en julio de 1820, con la ayuda de la Guardia de Corps para tratar de liberar al monarca de las garras liberales, los cuales serán conducidos a cumplir condena en la ciudad coruñesa. Otros miembros serían los pertenecientes al cuerpo realista mandado por el Barón Sancti Johanni y el guerrillero Abuín, a los que hay que añadir los pertenecientes como elementos realistas muy peligrosos, según el mandato liberal.
A todos estos anteriores se les suma los denominados bandoleros y otros delincuentes detenidos por ser individuos peligrosos para la sociedad, según los postulados liberales, así como que habían logrado escapar de otros establecimientos en los que estaban recluidos, habiendo sido de nuevo presos, pero que nada tenían que ver con el credo realista. Como las fuerzas francesas ya habían tomado posesión de casi todo el territorio de Galicia, la única y solitaria resistencia que se les oponía era la plaza de A Coruña, que tras negarse a su rendición dio lugar a un largo asedio. l

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