Cinco leguas de camino para garantizar el abastecimiento de la ciudad

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Los procuradores Síndicos Personeros de la Ciudad en 24 de febrero de 1796, su Ayuntamiento y muchos de los Capitanes Generales del Reino contemplaron siempre que la falta de las cinco leguas de camino que hay desde la propia ciudad hasta el puente de Lubián, por las cuales se conducen trigos, volaterías, pescados, cartas de los barcos de correos de Indias que arriban a algunos puertos de aquellas inmediaciones y últimamente el surtido de la plaza de La Coruña –que pasa de 40.000 almas– y en la mayor parte en de las del Departamento del Ferrol, dificultaba y hacía escaso y caro el Abasto.

Juzgando que no podían evitarse los daños y perjuicios tan grandes que se ocasionaban sin que se construyese esta parte de camino, se meditaron alefecto diferentes medios y arbitrios, entre algunos el impuesto sobre la sal, resolviendo el Príncipe de la Paz “Que no podía de este impuesto hacerse uso alguno por restar destinado a la carretera General del reino que se haya muy atrasada” siendo el antecesor del exponente, mientras Antonio Rodríguez de Añón, propuso un arbitrio entre solo los provincianos.

El mismo Príncipe de la Paz, en Decreto de 11 de enero último, aprobó el arbitrio para la construcción del camino pero encargando este a la Junta de Caminos.

Este era un camino que entonces se consideraba particular de Provincia, hecho por las 96 parroquias que la atravesaba se solicitaba asimismo que no fuese la Junta de Caminos la encargada de hacerlo sino la propia Provincia aunque este recayó en la primera, desoyendo las peticiones formuladas en sentido contrario.

Como dato más significativo de este informe está lo referente a que la población de La Coruña era superior a las 40.000 almas (personas), lo que demuestra que la ciudad era en el siglo XVIII un importante núcleo comercial a pesar de sus múltiples problemas de abastecimientos en particular de granos y harinas a cuyo puerto llegaban de los más variados lugares tanto de Europa (España, Francia, Inglaterra y Holanda) como de las Indias (Filadelfia) para que los panaderos y panaderas de la ciudad pudiesen fabricar el pan y cuyos trigos escaseaban en el mercado de la plaza y poder elaborar el pan de la ciudad. Este era un problema que se venía arrastrando desde hacía al menos unos cuatro siglos y a ello había que unir también la escasez de agua que tenía la población ya que la ciudad no contaba con ella, la misma procedía de los distintos puntos de los arrabales de la ciudad como eran los manantiales de Vioño o San Pedro de Visma entre los más importantes.

Y por consiguiente en sentido contrario abundaban las bodegas de vino y dándose amplias cosechas de la tierra a la vez que se introducían en el mercado de la plaza otros de afuera. Este informe consta de cuatro interesantes páginas.

En 8 de Marzo de 1797 se comunica a la ciudad por la Junta de Caminos que va a dar principio a la obra desde el Glasis de la Puerta de la Torre de Arriba hasta la capilla de Santa Margarita y que es necesario hacer importantes obras por la tubería que pasa por el lugar y que conduce el agua desde ese punto a la ciudad.

La Puerta de la Torre de Arriba se hallaba a la altura de la plaza de Pontevedra en concreto en el lugar aproximado en donde se alza el Instituto Eusebio da Guarda y el saliente al mar del Orzán-Riazor que divide ambas playas son los restos que quedan de la antigua fortaleza y muralla del Caramanchón.

Escribanía de Número

Como dato curioso se concede en 5 de julio de 1797 en Madrid, un Real Privilegio, destinado a las hermanas María y Gregoria Carracedo, la escribanía de número de la ciudad de la Coruña, que entre otras dice: “Por la presente, mi voluntad es, que vosotras las nominadas doña María y doña Gregoria Carracedo, tengáis y disfrutéis la mencionada escribanía del número de la insignada ciudad de la Coruña que últimamente sirvió el dicho don José Benito Sánchez Barallobre, por solo los días de vuestra vida y que por dicho tiempo podáis nombrar personas que la sirva, las cuales han de ser admitidas a su uso y ejercicio, precediendo vuestros nombramientos y cédula mía, en su aprobación expedida por el dicho mi Consejo de la Cámara y no de otra manera, quedando como ha de quedar y quiero y mando quede la referida escribanía después de vuestro fallecimiento, incorporada a mi Corona, conforme la insignada mi Real orden...”.

Cinco leguas de camino para garantizar el abastecimiento de la ciudad