Los niños de Monte Alto habían alertado a dos conocidas del maltrato que sufrían

22 agosto 2011 página 3 a coruña.- detenido un hombre por matar presuntamente a sus dos hijastros
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Para llegar a la conclusión de que Álex y Adrián Bergantiños Longueira, los dos niños asesinados en Monte Alto el verano pasado, eran maltratados por su madre y por Javier Estrada, compañero sentimental de ella y autor confeso del crimen, la jueza que ha dirigido la investigación echa mano de varias fuentes. Entre ellas, en el auto con el que el pasado lunes daba por cerrada la instrucción de la causa destaca el testimonio de dos conocidas de la familia, que de forma concordante declararon que los mellizos “las llamaban por teléfono” a escondidas con el móvil de su madre para quejarse del trato al que los sometían tanto ella como su pareja.

La magistrada destaca que las dos mujeres contaron lo mismo a pesar de que no existe entre ambas una “conexión evidente”, y de que fue la defensa de Mar Longueira quien interesó la comparecencia de una de ellas.

Esta es una de las claves que llevan a la titular del juzgado instrucción 5 a imputar un delito de malos tratos físicos y psíquicos habituales a ambos procesados; al hombre, por haberlos perpetrado de forma directa, y a la mujer, tanto por haberlos permitido e incluso aceptado como por haber sido, también ella, autora directa.

Sobre esta cuestión, el documento recoge el testimonio de tres personas más que relataron a la jueza episodios reiterados de maltrato a los niños por parte de su madre antes de que esta comenzase su relación sentimental con el asesino confeso. Otras dos, expone el auto de procesamiento, tuvieron intención de denunciar esa supuesta violencia sobre los menores ante las autoridades.

Las “innumerables diligencias” practicadas, con más de una veintena de testimonios recabados en el entorno del núcleo familiar y del ámbito escolar de las víctimas, llevan a la instructora a ver confirmados e incluso “incrementados” los indicios que al inicio de la investigación la hicieron sospechar de Mar Longueira; el primero de ellos, la declaración de una allegada, que voluntariamente compareció ante la Policía tras el crimen para corroborar unos malos tratos que, según aseguró, había puesto en conocimiento de la Xunta dos meses antes a través del Teléfono de la Infancia.

 

Historiales > Pero tampoco son estos testimonios los únicos de los que se vale la magistrada para confirmar la violencia que se vivía en el piso de la calle de Andrés Antelo en el que se cometieron los asesinatos, y que en su último auto llega a equiparar con un “método educativo y de establecimiento de las relaciones familiares”.

La resolución se remite también a pruebas de otra índole como son los historiales médicos, asistenciales y académicos de Adrián y Álex Bergantiños, y a las conclusiones de los docentes y facultativos que los asistieron en vida.

De ellos destaca la jueza las apreciaciones de la asistente social y la psicóloga del centro municipal de salud mental infantil Ponte Anido, que “advirtieron del supuesto riesgo” que comportaba la actitud de Estrada Fernández hacia los hijos de su pareja y “desaconsejaron” que el hombre quedase al cuidado de los menores.

Longueira, a la vista de lo que se recoge en el auto, desoyó la advertencia y el 21 de agosto dejó a su compañero al cargo de sus hijos cuando salió a trabajar. Según la reconstrucción que hace la instructora, aquella mañana el hombre impuso a los niños varias tareas, pero al ver que estos se reían y no hacían demasiado caso, y a causa de su enfado por un desencuentro con su pareja la noche previa, cogió el tablón de una estantería y se dirigió al dormitorio donde estaban, para emprenderla a golpes con ellos.

 

“Brutalidad” > Comenzó por Álex, al que golpeó en la cabeza mientras su hermano escapaba y se refugiaba en su propio cuarto. A continuación, –establece el auto– lo siguió y le pegó también a él en la cabeza hasta que la tabla se rompió por los golpes, que dejaron profundas marcas en la pared de la estancia. Entonces cogió de la salita otra tabla y, en la cocina, volvió a atacar con ella a Álex. La magistrada hace constar que el pequeño le suplicó que no le pegara más y le prometió que “le iba a obedecer”. No obstante, el hombre volvió a la sala de estar para sacar el sillín de una bicicleta estática y una vez más golpeó a los mellizos en la cabeza.

En el documento se recoge que la agresión fue de una magnitud tal que los menores fallecieron en el acto. En este sentido, la jueza imputa a Estrada Fernández dos asesinatos, tanto por su “brutalidad” como por la situación de “indefensión” de las víctimas, dada su edad –diez años– y el retraso mental de uno de ellos –con una invalidez reconocida del 52%–, “que minimizarían sus posibilidades de reacción y defensa”.

 

Los niños de Monte Alto habían alertado a dos conocidas del maltrato que sufrían