Un cazador de esencias recala en Macondo

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Juanjo Estrada lleva caricaturizando a la gente desde que cogió un lápiz por primera vez y se puso a pintar. Después vendrían las horas muertas en el colegio y el instituto con libretas pobladas por personajes a los márgenes, la mayoría profesores, para pasar a la Universidad y adentrarse en el interesante mundo de la historia del arte.
En ese momento, el coruñés dejaba su etapa creativa a un lado, pero entre las medidas perfectas del “David” de Miguel Ángel y los etruscos de sonrisa perenne, se dio cuenta de que su vida pasaba por llevar la expresión humana al carboncillo. De esta forma, retomó su carrera de dibujante y de manera autodidacta se centró en el retrato. Ahora que lleva años cazando los rasgos al vuelo de los que se sientan enfrente, Juanjo puede decir que ha aprendido a cazar esencias. A plasmarlas en un papel y hacerlas suyas.
El resultado se puede ver estos días en el bar Macondo y también en la web www.juanjoestradailustrador.es. Al ritmo que marca un café, el curioso se puede hacer con el estilo de un artista sintetizador de personas, que presenta en bandeja algunas de sus últimas obras en carboncillo, pastel, acuarela y acrílico. Si bien no se rige por lo que marcan los libros de Bellas Artes, su acabado se acerca a la academia de puntillas. Para escaparse del diseño y pararse en los detalles.
Aunque en su caso funciona más el encargo directo, son cada vez más los que contratan sus servicios para eventos. En este sentido, las bodas son uno de los reclamos que más está de moda. Donde los invitados posan entre cumbia y merengue y Juanjo se deleita entre rasgos vestidos de fiesta. En diez minutos como máximo, el caricaturista extirpa el apéndice o la parte más característica de la persona y lo simplifica o lo deforma. Depende: “En otras zonas de Europa, la costumbre está muy extendida”, dice Juanjo. Estrada define su trabajo como un juego. Donde tira los dados y aparece una nariz respingona o unos ojos que hablan sin palabras. Es entonces cuando se pone a crear. Con el boceto en la cabeza, Juanjo dice que no hay nada mejor como dedicarse a lo que uno le gusta.
Desde Coltrane con saxofón en ristre hasta la inocencia de un bebé, la cafetería abre las puertas a una forma de pintar la realidad aceptada socialmente pero a la que le falta reconocimiento. Juanjo coge el teléfono y al otro lado le proponen caricaturizar en vasos de papel. Un nuevo reto que apuntar en la libreta. n

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