Sacándole partido a esas armas letales que cualquier mujer esconde en su bolso

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Una mujer camina sola por una calle de noche cuando de repente escucha los pasos de alguien que se acerca. Es una situación cotidiana y en el 99% de los casos la mujer no sufre más que un susto. Pero, si la suerte no acompaña y el sujeto es un agresor, siempre puede emplear alguna de las técnicas que se enseñaron ayer en el gimnasio Karbo, en Os Mallos. “Por ejemplo, podéis usar el móvil como kubotan”, explicaba Marcos Bermúdez a sus alumnas. Eran catorce mujeres las que escuchaban al cinturón negro en judo e instructor policial, que lo siguiente que tuvo que hacer fue explicar qué era un “kubotan” .

Así aprendieron que se trata de un arma de autodefensa, un simple cilindro del tamaño de un rotulador, que se aplica en los puntos de presión del adversario. “Con un móvil podéis doblarlo”, aseguró a sus oyentes. Más de una parecía incrédula, pero Bermúdez asegura que es normal en el caso de unas principiantes, que participaban por primera vez en una clase como aquella, un monográfico que duró cuatro horas, de diez de la mañana a dos de la tarde, y en la que las participantes aprendieron los recursos básicos de la autodefensa de la mano de Bermúdez y de otro cinturón negro de judo y ninjitsu, Jaime Roque López.

En cuatro horas se                   enseñan trucos básicos para evitar  una agresión

Aunque, en realidad, no se trataba de autodefensa, sino de “autoprotección”. “Lo que ocurre es que, en cuatro horas, no se puede enseñar a alguien artes marciales, así que lo que aquí les enseñamos es a usar sus aptitudes naturales en su propio beneficio”. En una pelea, lo normal es que la fuerza y el tamaño le den ventaja al agresor, así que es lo mejor es siempre evitarla. Pero hay otra opciones a parte de la de correr, que es a la que a muchas les viene primero a la mente y que Bermúdez reconoce que es un opción válida o, como él prefiere denominar, “estratégica”.

Lo importante, aclara a sus alumnas, no es conseguir derrotar a nadie, sino evitar que les agredan. Para ello se les enseñó cómo usar los objetos más habituales: además del móvil, un paraguas o incluso un mechero o unas llaves resultan unas armas disuasorias efectivas. “No se trata tanto de provocar daños de verdad sino de causar dolor para controlarle”.

 

LA LEY DEL DOLOR

Sus instructores les explicaron la legislación y los puntos de dolor en el cuerpo, dos temas más relacionados de lo que parece. “Por eso les enseñamos a provocar dolor, porque es menos probable que te metas en problemas legales”, aclaran. También abrieron un turno de preguntas en las que las alumnas les plantearon posibles situaciones de peligro. “Lo importante es prevenir. Por ejemplo habría sido mejor no meterse en esa calle oscura”, recuerdan.

Y ya puestos a defenderse, el móvil también se puede usar para pedir auxilio. n

 

Sacándole partido a esas armas letales que cualquier mujer esconde en su bolso