Valladolid recuerda los 40 años del discurso de ingreso de Delibes en la Academia

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 Un escritor "muy poco académico, en el sentido tradicional del término" se definió Miguel Delibes en las primeras líneas de su discurso de ingreso en la Academia de la Lengua: lúcido, reivindicativo y premonitorio, que ha sido recordado esta tarde en la 48ª Feria del Libro de Valladolid (FLV).

"Posiblemente sorprendió un poco. No era muy literario pero ha ido ganando actualidad con el paso del tiempo aparte de algunos detalles que entonces eran inimaginables", ha evocado el biólogo Miguel Delibes de Castro, hijo del autor homenajeado esta tarde.

Fue el 25 de mayo de 1975, hace casi cuarenta años, cuando el novelista vallisoletano pronunció en la Docta Casa su célebre discurso "El sentido del progreso desde mi obra", un alegato contra la deshumanización del hombre y su puesta al servicio de un progreso mal encarado con la naturaleza como una de sus víctimas.

"Ha ganado peso con los años y, prueba de ello, es que ha sido reeditado por la Academia entre unos cuantos discursos elegidos a lo largo de la historia", ha agregado Delibes de Castro, que ha compartido una mesa redonda con el biólogo Miguel Lizana, profesor de la Universidad de Salamanca.

Ha rememorado, entre otras vivencias de aquel momento al que asistió como testigo, la "enorme emoción que sintió mi padre porque tenía muy reciente la muerte de mi madre, y el inmenso cariño de un salón repleto de gente".

A sus cincuenta y cinco años de edad, maduro como escritor y consagrado con algunos de los principales premios literarios (Nadal, Narrativa y Fastenrath), Miguel Delibes entró en el caserón de la calle Felipe IV a propuesta de Vicente Aleixandre, Juan Antonio Zunzunegui y Julián Marías que fue quien le contestó.

"Su lectura le costó un esfuerzo físico muy grande. Todavía me sigue asombrando cómo pudo hacerlo tan deprimido y endeble físicamente", ha evocado.

Dámaso Alonso, como director, y Alonso Zamora, como secretario, firmaron el 1 de febrero de 1973 un ingreso que no fue oficial hasta el 25 de mayo de 1975 por el luctuoso paréntesis a que obligó la enfermedad y fallecimiento de Ángeles de Castro, esposa del escritor, "eje de mi vida, estímulo de mi obra", según la recordó durante esa intervención.

La rebeldía de Daniel El Mochuelo, el joven protagonista de "El Camino" (1950) que se resistía a abandonar el pueblo para estudiar en la ciudad, no era sino una renuncia "a convertirse en cómplice de un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional", leyó entonces desde el estrado de la Academia.

Años más tarde en "Parábola del náufrago" (1969) el novelista denunció cómo "el poder del dinero y la organización, quintaesencia de este progreso, termina por convertir en borrego a un hombre sensible, mientras la Naturaleza mancillada, harta de servir de campo de experiencias a la química y la mecánica, se alza contra el hombre en abierta hostilidad", continuó durante su lectura.

Padre e hijo, alumbraron en 2005 el libro "La tierra herida", un ensayo a cuatro manos con la pretensión de actualizar aquel mensaje pronunciado en la Real Academia de la Lengua.

"Si bien es cierto que ahora hay una mayor legislación, muchos de los grandes problemas de entonces siguen igual, entre ellos la contaminación, la destrucción de hábitats y la desaparición de especies", ha añadido por su parte el biólogo Miguel Lizana.

 

Por Roberto Jiménez.

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