Una fundición coruñesa casi centenaria

El Ideal Gallego-2016-11-06-010-3596ea66
|

La primera referencia económica de la fundición de Wonenburger data de la Matrícula Industrial de 1888, en la cual aparece Manuel Wonenburger Cabezudo, posible padre de Julio Wonenburger Canosa, como herrero en la calle Galera 17. Allí tiene sus comienzos esta importante empresa metalúrgica de La Coruña, que en 1894 se convierte en socio de Fernández Cerezo y Compañía –sociedad dedicada a la fundición de metales que quedará disuelta en 1907–. 
Había iniciado su funcionamiento en la calle del Hospital y estaba dedicada al tratamiento de hierro artístico, construcciones metálicas, trabajos en bronce, estructuras para edificios, aparatos de refrigeración, calefacción por agua y vapor a baja presión, ascensores eléctricos y motores de explosión. Durante sus inicios está asociado a Juan Chas Morlán, bajo la firma social y comercial de Wonenburger, Chas y Compañía.
La obra más importante salida de los talleres de Wonenburger, es quizás la construcción de los pabellones norte y sur del llamado Mercado da Guarda –el pabellón central corrió a cargo de los testamentarios del impulsor Eusebio da Guarda González–. Esta parte estará funcionando en el año 1900 y los pabellones norte y sur no entrarán en servicio hasta 1910.
Julio Wonenburger Canosa será socio fundador de la entidad mercantil La Parisina SA en 1920, razón social del Atlántic Hotel, en los jardines y paseo de Méndez Núñez. Suministra el armazón metálico para la construcción de dicho hotel y toda su estructura artística de hierro y bronce, tanto exterior como interior. También aporta desde sus talleres el armazón de hierro para la construcción del Kiosco Alfonso y los detalles artísticos correspondientes que hoy se pueden ver y en donde se lee el nombre de esta puntera metalúrgica. Lo mismo acontece con el cierre perimetral del puerto de la ciudad, cuyas verjas y monumentales puertas de fundición, salieron de dichos talleres para ser colocados y pervivir hasta nuestros días. 
Fabricó asimismo artísticas farolas que adornaron las calles coruñesas, siendo las más significativas las instaladas en los Cantones (las actuales son una réplica de aquellas) y las tapas del alcantarillado, registros de agua y desagües de la ciudad; así como placas conmemorativas en bronce, entre las que destaca la dedicada a doña Emilia Pardo Bazán. 
Parte de sus trabajos se hicieron mientras estuvo ubicada la fundición en la calle del Hospital y también en Fernández Latorre.
Wonenburger será concejal del Ayuntamiento coruñés en el bienio 1922-1924, como 2° teniente de alcalde y volverá a repetir como concejal el 26 de febrero de 1930 y en la primera sesión de la República toma posesión del cargo como diputado provincial.
Entre 1927 y 1930 traslada sus nuevos talleres con su pujante fundición a la entonces avenida de Fernández Latorre. En 1928 será presidente de la Asociación General Patronal de La Coruña. En el mes de septiembre de 1942 la firma pasa a denominarse Wonenburger SL. En ella Julio Wonenburger Canosa y su hijo César Wonenburger García y los hermanos Juan y Manuel Wonenburger Varela dan vida a esta nueva entidad. 
Cuando la década de los años cuarenta toca a su fin trabajaban en aquella fundición casi cien empleados y además de dedicarse a lo mismo que cuando estaba en la calle del Hospital contaba con herrería mecánica, almacén de aceite mineral, garaje de automóviles, instalaciones para hacer grava (asfalto) venta de baldosas (material de construcción) y distribución y venta de gasolina. 
Julio Wonenburger fallece en 1951 y su participación en la empresa, pasa a manos de su viuda e hijos, naciendo en 1956 una gerencia administrativa que se hace cargo de la dirección empresarial. En 1961 pasa a ser una Sociedad Anónima, lo que hace entrar en ella a nuevos socios ajenos al clan familiar. Durante este tiempo hasta 1977, la empresa Wonenburger, por entonces ya instalada en el Polígono de la Grela, irá capeando las dificultades económicas como puede.
A consecuencia de las sucesivas ampliaciones de capital se llega a un punto de inflexión en que es muy difícil la devolución de los préstamos adquiridos, por lo que queda abocada en 1984 a entrar en suspensión de pagos, siendo su principal acreedor el Banco Pastor, entrando luego en liquidación. 
Así finalizaba el recorrido de una casi centenaria empresa de fundición coruñesa. n

Una fundición coruñesa casi centenaria