Un “home bo e xeneroso” con un espacio propio en un teatro de 180 años

La sala polivalente del teatro Rosalía en recuerdo de Xan López Eirís, fiel espectador del recinto | Javier alborés
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En sus 180 años de historia, el teatro Rosalía ha albergado en su interior historias de todo tipo, alegres muchas de ellas, tristes otras, como el incendio que devoró su edificio la primera semana del año 1867.

Entre sus paredes ha habido cabida para todo tipo de representaciones teatrales, musicales y de danza, pero también dio cabida a miles y miles de personas a lo largo de sus 18 décadas.

Entre todas esas personas, aficionadas al teatro, algunas, profesionales otras, meros espectadores otros, había alguna especial que ha quedado en el recuerdo. Es el caso de Xan López Eirís, un entusiasta de la obra shakespeariana, que da nombre a una de las salas polivalentes del Rosalía.

Y es que López era un amante del teatro y así se lo hizo saber a quien en el futuro sería una de sus mayores amistades, el actor Manuel Lourenzo, quien explica que fue el Colón el espacio en el que ambos se encontraron por primera vez. A Xan le gustaba especialmente la obra que representaba la compañía de Lourenzo y, de tanto acudir, le otorgaron un pequeño papel en la pieza teatral.

Fue el fruto de una amistad que los llevó a viajar incontables veces a Inglaterra para vivir las representaciones de Shakespeare en la lengua en las que las concibió. “Unha vez ao ano, quedamabos alí unha semana e aproveitabamos para facer rutas culturais”, explica Lourenzo.

Se fue fraguando así una amistad de esas que perduran para siempre, “unha amizade para toda a vida, pero non só comigo, senón tamén coa miña familia”, recuerda el dramaturgo.

Xan López Eirís era uno de esos hombres “bos e xenerosos” y su mayor pasión era el teatro. Esta pasión la compartían ambos, hasta el punto que acudían a todas las funciones que se programaban en el Rosalía. Siempre en el mismo palco, “ao fondo, na parte trasera”. 

Xan no sólo marcó a Lourenzo, sino también a las personas que trabajan en el teatro. “Un malísimo día desapareceu”, relata Lourenzo.

Tras su muerte, el director del Rosalía, Paulo Rodríguez, quien también guardaba una especial amistad con López Eirís, decidió nombrar una de las salas polivalentes en su honor.

Donaciones 
Xan López Eirís era natural de Carballo, ciudad a la que, tras su triste desaparición, donó su biblioteca particular, para disponerla en el centro público de la localidad.

La generosidad de Xan se extendió también con sus amigos, a los que regaló las obras pictóricas que guardaba en su hogar, ya que como explica Lourenzo, el arte era otra de sus pasiones.

Un “home bo e xeneroso” con un espacio propio en un teatro de 180 años