Reportaje | El método picante de imponer el orden de la Policía Local

Cada policía local lleva un esprai como este | javier alborés
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El viernes pasado, un pescador fuera de sí se atrincheró en los retretes de la Consellería de Pesca armado con un objeto punzante. Tras intentar convencerlo de que depusiese su actitud, los agentes locales asomados por encima de la cabina del retrete decidieron usar el esprai de pimienta. Hace dos semanas, durante los disturbios que sucedieron a la toma de la Comandancia de Obras, los agentes municipales volvieron a emplear sus esprais de pimienta para disolver a la multitud que trataba de irrumpir en el recinto. No es una causalidad: en todas las intervenciones con personas violentas armadas los agentes municipales echan mano de los esprais que forman parte de su equipo desde hace cinco años.

“Es un cacharro genial, de última generación”, apunta un agente. El sprai de defensa Sabre Red de pimienta en gel, que es sunombre oficial, tiene la ventaja de que no se esparce en aerosol, sino en un chorro cremoso parecido al de las serpentinas en bote que se usan en carnaval, así que el viento no puede hacer que la sustancia irritante alcance al agente. “Va dirigido”, aseguran.
Eso no aclara cómo es posible que una periodista fuera “gaseada” en la intervención de la Comandancia de Obras, aunque los agentes sostienen que debió acercarse demasiado. Por otro lado, aseguran que el gel no tiene efectos secundarios: “En diez minutos el sujeto ya se encuentra bien, pero al principio no puedes ni abrir los ojos, te pica tanto que no puedes hacer nada”. Ellos lo saben bien, porque parte del entrenamiento es recibir una ráfaga de gel a los ojos, para conocer sus efectos. El único efecto secundario es que mancha de rojo, pero es algo deliberado: en medio de la confusión, un individuo contra el que ha sido necesario emplear el gel, queda marcado para que pueda ser localizado.

En situaciones violentas
Hoy en día, cada agente lleva su esprai, además de una versión más grande que va en el coche patrulla, y ya se ha probado de sobra su efectividad en situaciones extremas. “Es mucho mejor que dar porrazos a la gente, mucho menos violento, y la única molestia se pasa enseguida”, insisten. La usaron en algunas de sus actuaciones más delicadas, como cuando un chabolista tenia como rehén a su madre en el poblado de A Pasaxe empuñando un machete. Los agentes se acercaron protegidos por escudos de plástico hasta que pudieron rociar al sujeto, que soltó las armas para llevarse las manos a los ojos. O en un local del Agra do Orzán, cuando unos agresivos clientes rodearon a los agentes.
Los policías niegan tener el “gatillo fácil”. “Solo lo usamos en caso de individuos que están perturbados, o cuando hay una multitud agresiva, o animales sueltos. Es mucho mejor eso que pegarle un tiro a un perro”, alegan. Más seguro que el táser, puesto que no provoca ataques al corazón. Por ser, es incluso biodegradable, así que para los agentes municipales está claro: mejor derramar unas cuántas lágrimas que sangre.

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