Cuando los Jesuitas tuvieron que irse

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Próxima la fecha de su exclaustración, cuando se recuerda el 250 aniversario de su salida de España, el 2 de abril de 1767, es momento de recordar la historia de los jesuitas. 
La Compañía de Jesús nace en 1540 –cuando el abrazo a la religión protestante se propaga por Europa– por mediación de Ignacio Pérez de Loyola (san Ignacio). Viene al mundo en 1491 en el seno de una noble familia en el Castillo de Loyola-Azpeitia-Guipúzcoa y tuvo una intensa vida militar y cortesana. En 1521 hace una muda interior al completo de su forma de vida, tras resultar herido en una pierna en el sitio de Pamplona por las tropas francesas, lo que le obliga a permanecer apartado de sus obligaciones militares, decidiéndose a cultivar la lectura mística y caballeresca. 
Más tarde marcha en peregrinación a Tierra Santa, para luego regresar a España convencido de contar de una mejor formación eclesiástica, con el fin de llevar a cabo sus nuevos ideales evangélicos. Así, en 1535 da por finalizados sus estudios de Filosofía y Teología en la Universidad de la Sorbona de París. Allí conoce a (san) Francisco Javier, Pedro Fabro, Diego Lainez, Alfonso Salmerón Bobadilla y Simón Rodríguez, con los cuales forma el grupo que sería el inicio de la Compañía de Jesús. De modo que mediante una bula papal de Pablo III, en 1540 nace esta Compañía de los Jesuitas. Al año siguiente será el primer superior de la Orden General y en 1543 llegan a Galicia los primeros padres jesuitas.


El año de 1746, un informe de la ciudad sobre la parroquia de San Nicolás indica que se compone de 934 fuegos y en su extensión se halla el colegio de San Javier de la Compañía de Jesús, el convento de Nuestra señora de las Maravillas religiosas Capuchinas, el hospital de Pobres de San Andrés y las ermitas de San Juan y San Roque, la Atocha y San Mauro, así como las tierras labradas de Hércules de que se compone la península. Por su parte, en 1752 el catastro del marqués de la Ensenada indica que el Colegio de la Compañía de Jesús se compone de siete padres sacerdotes y cinco hermanos coadjutores, dos mancebos de Botica y un muchacho de sacristía.
El fatídico 2 de abril de 1767 se aprueba la Real Pragmática Sanción en fuerza de Ley para extrañar de los dominios de España, Indias e Islas de Filipinas, a los Regulares de la Compañía de Jesús. Los motivos serían en realidad los medios de presión que pusieron en liza los órganos más estrechos al rey, en la permanente custodia de sus privilegios ancestrales, y serán los que sobresalgan en dicho extrañamiento. De modo que en la madrugada de aquel desdichado día y una vez publicada la Pragmática sanción, las fuerzas imperiales del monarca, acuden a incautarse de 138 a 146 casas conventuales e Iglesias que poseían los Jesuitas, comunicando a esa intempestiva hora la orden de expulsión de los dominios del rey. 
Esta medida tiene como consecuencia que entre 2.641 y 2.746 jesuitas sean expulsados de España y otros 2.630 lo serán de las colonias de Ultramar, quedando la Corona en posesión de sus bienes y raíces, pasando estos a Córcega, Civitavechia y Génova, de donde algunos lograrán huir. Dicha Orden quedaría regulada el mes de agosto de 1773 por una promulgación del papa Clemente XIV, en que decretaba su conversión en una Orden de miembros del Clero Secular.
En la Restauración de 1814, el papa Pío VII emite otra bula, en la cual restaura de nuevo la Compañía de Jesús y el Rey de España, Fernando VII, autoriza la vuelta de dicha Orden a sus reinos en 1824, siéndoles devueltas todas sus propiedades y raíces. Aunque volverían a sufrir dos expulsiones más, una en 1835 en la Regencia de María Cristina y la última en 1932, en el periodo de la II República Española.


Cuando los Jesuitas son expulsados en 1767 de La Coruña, la reunión de aquellos extrañados de Galicia corrió a cargo de Jerónimo Romero, de la Real Audiencia. Su concentración sería en dicha ciudad y permanecerán en ella por espacio de 40 días bajo la custodia de la Real Guardia, siguiendo órdenes del capitán general, para el cumplimiento de la Pragmática aprobada. Así las cosas, el 18 de mayo, después de recibir a cuenta de sus bienes la pensión estipulada para medio año, son trasladados de madrugada a orillas del embarcadero del Parrote. Allí serán despedidos por una congregada multitud de personas que para esa hora se acercaron a darles su saludo con tristeza, la que se notaba en los rostros de todos los presentes y la tensión que por todo lo que estaba sucediendo y tenían que soportar los guardias que les custodiaban antes de ser embarcados.
Como si fuese un triste amanecer del alba tenebroso, son obligados los padres Jesuitas a subir a los botes, pese que algunos de los mismos eran ancianos y muchos de ellos estaban enfermos o padecían dolencias y achaques de su avanzada edad. Son conducidos al barco “Virgen del Carmen” para ser trasladados a la Base Naval del Ferrol, una ironía del destino que aquellos Jesuitas embarcasen a bordo de la patrona de los hombres de la mar y muy venerada por el cuerpo eclesial. Una vez llegasen al fondeadero de Ferrol, a cuyo puerto fueron llegando más navíos que transportaban a los miembros de la provincia de Castilla, zarparon rumbo a las costas italianas el 24 de mayo de 1767. Entre ellos figuraban 780 miembros de la Orden Jesuita de Galicia, Asturias, Vizcaya y Cantabria, a bordo de al menos cinco saetías. n

Cuando los Jesuitas tuvieron que irse