Reportaje | El cambio de domicilio de la okupación: del centro a la periferia y vuelta en tan solo seis años

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Estos días, los antisistema en Santiago protestan por el desalojo de la casa blasonada  que había sido la sede del de espacio de autogestión sociocultural “Escarnio e Maldizer” durante tres años. En las protestas, que acaban en disturbios y enfrentamientos con la Policía Nacional, se corea: “¡Un desalojo, otra ocupación!”. Se trata de un viejo lema del movimiento okupa que también sostiene el grupo que hace ocho meses gestiona el Centro Social Ocupado (CSO) “A Insumisa”. Hasta hace ocho meses, la antigua sede de la Comandancia de Obras, en la avenida de O Metrosideiro, (La  Maestranza).
Los okupas coruñeses recuerdan que en este edificio celebran toda clase de actividades abiertas a la ciudadanía, como conciertos, conferencias y talleres a pesar de lo cual “día a día e ladrillo a ladrillo vaise construíndo o clima social necesario para o desaloxo do C.S.O. A Insumisa”. De llevarse a cabo, sería la primera vez en la historia de este movimiento en la ciudad que son expulsados de un inmueble de titularidad pública, dado que la Comandancia de Obras pertenece a Defensa (aunque el ministerio haya cedido su  gestión al Ayuntamiento). En lo que va de siglo, los okupas han plantado su bandera negra en tres propiedades privadas de la ciudad, siembre deshabitadas y en estado de abandono: una casa en As Atochas, una promoción inconclusa en la avenida de Finisterre y un antiguo internado, el de Santa Gema,  situado en la carretera de Vilaboa.
Tres años en Palavea 
El 22 de marzo la Policía Nacional tomó el antiguo internado de Santa Gema, que había sido el CSO Palavea durante tres años. Pertenece a un empresario de Sada, que lo había adquirido a la extinta Caixa Galicia por más de siete millones de euros, después de que la entidad se lo expropiara al ex jugador del Celta  Valery Karpin. Sus abogados habían conseguido acelerar la expulsión actuando por la vía civil, A día de hoy, se prepara para convertirlo en un geriátrico.
El antiguo internado de Palavea había tomado el relevo del CSO que en su día habían montado en un antiguo edificio vacíos de As Atochas. También durante tres años, los jóvenes antisistema convirtieron la casa en un local que organizaba talleres gratuitos y conciertos de música alternativa. De allí fueron expulsados en abril de 2011, después de un espectacular despliegue policial. Fue el primer gran CSO de A Coruña, y su desalojo e inmediata demolición por el propietario para prevenir otra ocupación provocó manifestaciones y protestas que degeneraron en disturbios con la Policía. Seis años después, es un solar cubierto de maleza. 
La misma imagen de abandono presenta Residencial Finisterre, a la altura de A Silva, a donde se trasladaron desde As Atochas a principios desde 2012. Esta promoción casi finalizada y paralizada por el estallido de la burbuja inmobiliaria llevaba tiempo abandonada cuando entraron en ella los primeros okupas. Durante dos meses, realizaron modificaciones en los pisos y practicado un empalme con la red eléctrica general para obtener energía sin que hubiera habido intentos serios para desalojarlos  pero la llegada de chabolistas desalojados de Penamoa provocó la alarma: se llevó a cabo un desalojo urgente y CSO Finisterre nunca llegó a hacerse realidad, como sí lo ha conseguido A Insumisa. l

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