La ciudad despide a Domingos Merino con la promesa de conservar su “luz”

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La ciudad despidió ayer al exalcalde Domingos Merino con un acto de homenaje que sirvió como cierre a la capilla ardiente que estuvo instalada en el palacio de María Pita, que se quedó pequeño debido a la multitud de gente que se acercó hasta el lugar para el último adiós.
Familiares, amigos, conocidos, representantes del Gobierno local y del Parlamento autonómico además de otras autoridades acudieron a las cuatro de la tarde al acto de despedida del exrregidor, fallecido el miércoles. Antes, desde las once de la mañana, el salón de plenos se abrió para que todos los ciudadanos pudiesen acudir a la capilla ardiente.
Durante los discursos destacaron las palabras de reconocimiento a su valía tanto a nivel personal como en sus funciones políticas y por encima de todo resaltó la idea de mantener viva la “luz” que supuso Domingos Merino para la ciudad.
“Domingos sintetizaba as luces e sombras da segunda metade da década dos setenta a dos oitenta”, leyó su compañero nacionalista Xesús Veiga, en referencia al avance que supuso la investidura de Merino y la época posterior.
El aspecto lumínico también estuvo presente en el discurso del alcalde, Xulio Ferreiro, quien tras recordar las palabras de Domingos Merino en su investidura, cuando aseguró que “A Coruña debía ser un faro para Galicia”, aseguró que su predecesor había sido el encargado de “acender” ese faro después de los años de “escuridade” de la dictadura franquista.

La música, protagonista
Xulio Ferreiro fue el encargado de hablar en último lugar en un acto que empezó con música y terminó con una pieza cantada por Ricardo Sanjurjo y el himno gallego, que se cerró con una extensa ovación acompañada por algunas lágrimas.
Mientras, la primera en tomar la palabra había sido su compañera nacionalista Sabela Vázquez y lo hizo ante un salón de plenos tan lleno que hubo gente que tuvo que quedarse en los pasillos y que estaba presidido por el féretro con el cuerpo del exalcalde y acompañado por un cuadro con un retrato de Merino en el que se le veía junto a un tablero de ajedrez, una de sus pasiones. “Nunca se vai de todo, queda o seu traballo”, detalló.
Por su parte, Lourenzo Fernández definió a Domingos Merino como “firme, seguro e resistente ao paso do tempo”. Además, después de describir su amor por el ajedrez y por San Amaro, concluyó asegurando que “a memoria lle será xusta”.
Domingos Merino fue alcalde de la ciudad entre 1979 e 1981, de manera que se convirtió en el primer regidor de la ciudad después de la dictadura franquista. Su figura política es reconocida por ser un firme defensor de las libertades y la participación.

La ciudad despide a Domingos Merino con la promesa de conservar su “luz”