Cuatro joyas modernas piden un hueco en los circuitos turísticos

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No son catedrales barrocas, ni Ayuntamientos. Apenas se nombran en las guías turísticas de la ciudad, pero son símbolos de modernidad del siglo XX sobre los que hoy la Real Academia de Belas Artes reclama una protección. Frente a la especulación inmobiliaria y modernidades mal entendidas, el coordinador del proyecto y vicepresidente de la entidad, Celestino García Braña, demanda los brazos de la administración para evitar su pérdida  del mapa coruñés. 
¿Existen visitas guiadas por el Barrio de las Flores o San Agustín? Mientras lanza al viento la pregunta, incide en que su inclusión en el imaginario de la gente es importante, tanto que enriquece el espíritu humano cuando la arquitectura también se da más allá del siglo XIX, aunque no lo parezca. 
En concreto, la institución suma hasta 13 joyas repartidas por toda Galicia, desde las que cuatro tienen prefijo 981 y otras muchas están en Vigo, las dos ciudades que supieron entender mejor una nueva forma de pensar los edificios basada en la funcionalidad. De esta manera, los que vivían por entonces en la península incorporaron las novedades sin polémicas. 
Es más, la que se presenta como número uno, la plaza de San Agustín, se plantó a escasos metros del palacio municipal de María Pita: “Algo insólito porque lo normal era llevar estas construcciones a las afueras”. De San Agustín, un proyecto que finalizó en 1938, Celestino destaca que el bloque responde a las características de unas bóvedas de hormigón, material que se populariza junto al hierro y el vidrio. 
Con su puesta en escena, desaparece todo el carácter simbólico y el esqueleto habla de lo que allí va a congregar: “Son obras bastante desnudas y sin ningún tipo de ornamentación”. De un modo claro y coherente, el visitante pone un pie en el mercado con la sensación de modernidad y también de limpieza. 
García Braña remarca la valentía de sus autores, los arquitectos Rey Pedreira y Tenreiro Rodríguez, que cogieron apuntes de lo que hicieron Maigrot y Freyssinet en la central de Reims para hacer una réplica en la ciudad con láminas de seis u ocho centímetros de grosor, que la pareja aumentó a 15: “Existe un mercado idéntico en Santo Domingo”. A fuerza de bóvedas, los jóvenes demostraron, según el experto, “una audacia tremenda”, ayudados en parte por el ingeniero Rodolfo Lama. 
A Coruña encajó el reto, un concepto que se alejó de las viviendas y se centró en estaciones de ferrocarril, plazas o fábricas: “Donde las soluciones de ingeniería podían lucir con esplendor”. Sin pilares intermedios ni muros de carga, uno puede apreciar la luz que entra por San Agustín “en medio de la ciudad histórica”. 

naturalidad
En segundo lugar y a 30 años de aquel primer experimento, sitúa a la lonja de Gran Sol, que se construye en 1965: “Ocurrió lo mismo, pero en un lugar donde llama menos la atención”. 
No se trata de un amor a primera vista. Cuenta el vicepresidente que la puja del pescado pasa desapercibida. Parece que lleva allí toda la vida y precisamente ahí está la magia de los supieron asentar una construcción con naturalidad. Sin embargo, “si nos fijamos, nos damos cuenta de su modernidad a pesar del tiempo”. 
Su valor está en la eficacia de su construcción, también de hormigón. No hay elementos que molesten y sí dos naves longitudinales ligadas por un pasillo. Por un lado se recibe el pescado y por otro, “se empaqueta y se envía”. La iluminación ayuda, explica el especialista, pero, sin duda, la clave está “en la presencia inmediata del mar”. 
Eduardo García de Dios y Félix Calderón concretaron la idea de un modo espléndido “y la cubierta ondulada que recuerda a las olas y los pilares elegantes” completan la obra con nota. García Braña coge Lavedra y se coloca delante de la Universidad Laboral “Crucero Baleares”, que es un proyecto fruto de sendos viajes a Alemania donde un equipo de pedagogos y arquitectos estudiaron una fórmula basada en la suma de partes: “No fue un encargo a dedo”. Se convocó un concurso, del que salieron José López Zanón y Luis Laorga para dar respuesta al interés que el Ministerio puso en este tipo de bloques. Atrás quedaron los Javier Carbajal, Alejandro de la Sota o Molezún. 
Así es que aplicaron lo aprendido y sobre miles de metros cuadrados, descansa un pabellón de dormitorios, otro de aulas y un tercero de despachos, que dan cobijo desde 1964 a centenares de estudiantes.

Cuatro joyas modernas piden un hueco en los circuitos turísticos