Cómo hemos cambiado: los negocios no son ajenos al paso del tiempo en la ciudad

El videoclub Atlántico | patricia g. fraga
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Constantemente hablamos y nos fijamos en el paso del tiempo para referirnos a nuestros cambios, a cómo envejecemos, y, también nos abre la conversación de la nostalgia, el recuerdo y sobre todo lo que teníamos y hacíamos en el pasado que, ahora, en otros tiempos, ya no está tan presente.

“En mi casa se hacía...”, “nosotros comprábamos en...”, “tú no te acuerdas porque eres muy pequeño...”, son algunas de las frases con las que ya sabemos lo que viene después, una oleada de alusiones a aspectos de años ha.

Es en esa conversación en la que rememoramos que no solo envejecemos nosotros, sino que también lo hace nuestro entorno, “¿recuerdas aquella tienda?, sí, hombre, en la que se compraba...”.

Y es que podemos repasar el cómo hemos evolucionado echando un vistazo a los locales y negocios que poblaban nuestra ciudad. Y no es necesario retroceder 50 o 60 años, que también, con tan solo pensar en hace una década ya podemos ver algún que otro cambio.

Porque las ideas y el cumplir las necesidades del entorno, de los barrios, ha sido una máxima antes, y lo es ahora, aunque de otros modos.

Negocios que antaño contaban con decenas de clientes en una tarde, ahora se congratulan de recibir a uno o dos al día, y dan las gracias de no tener gastos muy grandes de local o infraestructura por ser de su propiedad. A otros no les va tan mal, pero también añoran los tiempos pasados, en los que sus comercios estaban a la última, al pie del cañón.

En desaparición

No hace falta ser muy mayor para recordar la buena cantidad de quioscos en los que uno podía adquirir la prensa diaria o la revista de turno. Tampoco es necesario recorrer un gran viaje en el tiempo para acordarse de que las películas no se obtenían a golpe de click del ratón, sino que había una ingente cantidad de establecimientos dedicados al alquiler y venta de películas, y no deja de ser gracioso que uno de esos negocios, que no tenía demasiado peso en nuestro país, sea uno de las grandes plataformas audiovisuales de hoy en día.

Los videojuegos no solo nos desafiaban con sus innumerables horas de aventuras en nuestras consolas personales y caseras, había espacios dedicados a ellos en los que era necesario aprovechar al máximo las habilidades de uno para que esa monedita, que tanto trabajo costaba conseguir, durara algo más que cinco minutos.

Especialización

Lejos de grandes superficies que, hoy en día, tienen todo tipo de productos, uno acudía a su tienda especializada en camisas o sombreros para seguir la moda del momento. Viajando más atrás, antes de que todo esto que escribimos lo hiciéramos a través de pantallas, se utilizaban máquinas de escribir y, por supuesto, contaban con sus propios negocios que, tristemente vemos como van cerrando sus puertas.

En definitiva, y sin necesidad de tener que enumerar aquí todos los recuerdos de los que se puede echar mano, nuestro día a día va cambiando, y eso es palpable con solo dar un paseo por las calles de nuestras ciudades.

Resisten aquellos que han dedicado toda su vida a levantar su sustento, otros han tenido que bajar la persiana, por imposibilidad, o porque, desgraciadamente, su producto ya no es tan demandado. Pero algunos han visto la oportunidad de seguir dando cobijo entre sus paredes a clientes mucho más fieles o muy metidos en materia.

Los hay que comentan que su clientela es generacional, y eso es lo que los mantiene. Instalados en los barrios, ven como los hijos, nietos, e incluso bisnietos en algún caso, han heredado la sana costumbre de comprar en el local, sea el producto que sea, de sus padres, abuelos y bisabuelos, y eso sigue manteniendo vivos ciertos negocios.

El paso del tiempo afecta a todo, y si eso es bueno o malo, que lo decidan otros. Pero siempre nos queda el poder recordar todo aquello que hacíamos en el pasado, y, en casos afortunados, continuar haciéndolo hoy en día en algunas de esas pequeñas tiendas locales que se resisten al paso del poderoso y temible tiempo.

Mientras, todo eso que antaño veíamos como novedoso, y ahora vemos anticuado, se intenta renovar, ofreciéndonos oportunidades nuevas de volver a disfrutar de aspectos similares, así, mientras mueren los salones recreativos, nacen los “gaming bars”; mientras cierran los locales dedicados a máquinas de escribir, nacen tiendas especializadas en informática, y el ciclo nunca muere.

Cómo hemos cambiado: los negocios no son ajenos al paso del tiempo en la ciudad