El Ayuntamiento busca una salida para los expropiados del Ofimático

Los expropiados del Ofimático, durante una de las protestas organizadas en Alfonso Molina patricia f. fraga

Tras pasar unas navidades bastante desagradables, el puñado de expropiados del Parque Ofimático que aún se aferra a sus casas se mantiene a la espera del próximo movimiento del Ayuntamiento. Después de que los juzgados desestimasen sus apelaciones, se puede ordenar su desalojo en cualquier momento, puesto que se les expropió hace casi dos años. Ahora sienten que se encuentran en una contrarreloj para llegar a un acuerdo con el gobierno local, que trata de ofrecer una salida por lo menos a dos de los afectados. Mañana tendrán la primera reunión de este año.
“Todavía no sabemos qué nos van a ofrecer. Suponemos que dinero, pero insuficiente para que podamos conseguir una nueva casa”, explica Fernando Piñeiro, cuyo octogenario suegro perderá su casa pronto. Después de vivir toda su vida en el mismo hogar, que construyó con sus propias manos, ahora no le queda más remedio que marcharse. El Ayuntamiento ha sido tajante en eso y el propio concejal de Urbanismo, Martín Fernández Prado, señaló que “esa gente sabía desde hace dos años que tendría que irse”.

Dos familias tendrán que abandonar sus casas ante la amenaza de desalojo


El abogado de Empresa Municipal de Vivienda, Servicios y Actividades (Emvsa), Jacobo Hortas, será el encargado de llevar a cabo las negociaciones de mañana. Hasta ahora no se ha podido llegar a un acuerdo porque el Ayuntamiento ofrece un precio muy a la baja por los derechos que los expropiados aún conservan por el Parque Ofimático. Un dinero, aseguran, insuficiente para comprar otra vivienda. El propio alcalde, Carlos Negreira, comentó en su día que podrían haber vendido los terrenos a la Xunta, como hicieron otros, y que ahora no pueden esperar un trato de favor por parte de las autoridades.
Desde luego, los expropiados no lo han tenido. A medida que pasaba el tiempo, se han ido enredando cada vez más en una malla burocrática que ahora les asfixia: primero, al negarse a vender, fueron convertidos en promotores por la Xunta, de manera que se les adjudicaba un terreno y una indemnización. Pero el dinero (que les retuvieron) se fue en pagar las cuotas de urbanización y en algunos casos no será suficiente para satisfacer por completo las cuotas, de manera que acabarán endeudos.

propietarios
Además, los expropiados no pueden vender sus terrenos tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y no tienen fondos (muchos de ellos son jubilados) para acometer la construcción de una nueva vivienda. Y por si fuera poco, ser propietarios de ese terreno les inhabilita para acceder a las ayudas municipales, como la vivienda social, según reconoció el edil de Urbanismo.
Con estas perspectivas, la situación de los antiguos habitantes del Ofimático parece tener una difícil salida. El Ayuntamiento siempre se ha reafirmado en su intención de hacer todo lo que pueda para ayudar a este colectivo y atar así otro cabo suelto de un problema que –insistendesde el PP– ellos han heredado. Pero lo cierto es que en enero habrá más desahucios. n

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