
Los conductores no están cumpliendo con su responsabilidad a la hora de respetar la prohibición de estacionar en las calles de la Ciudad Vieja si no se dispone de tarjeta de residente. Casi tres meses después de la entrada en vigor de la primera fase de la peatonalización –que implica que el aparcamiento está restringido a los vecinos y media hora al día para carga y descarga s–, vecinos y empresarios denuncian un incumplimiento flagrante de la norma impuesta por la Concejalía de Movilidad.
“La gente está muy molesta y preocupada porque no hay aparcamiento libre ni nada que se le parezca; no hay suficiente sitio y encima hay quien sigue aparcando en el barrio sin permiso”, critica la presidenta de la asociación vecinal, Rosa Quiroga.
De buena fe quiere culpar a los letreros informativos, que “quizá no son suficientemente grandes”. En parte, su homólogo en la Asociación de Comerciantes, Adolfo López, coincide con esta teoría pero también deja entrever que en muchos casos hay mala fe a propósito. “En carga y descarga solo se puede parar media hora pero hay furgonetas que pasan todo el día en el mismo sitio y no pasa nada”, subraya.
Aunque Quiroga comenta que “la policía está multando y la grúa se está llevando coches” a menudo, López aclara que el problema es que ahora “no hay suficiente policía para controlar la situación”. Así, asegura que incluso hay residentes que “aparcan en sitios prohibidos”, eso sí, provistos con su tarjeta identificativa.
En su opinión, el control de los turismos y furgones estacionados de forma ilegal se redujo una vez pasadas las primeras semanas desde la entrada en vigor de la normativa. De hecho, cualquier día en una sola calle se pueden encontrar hasta seis o siete coches que no deberían estar ahí sin multas. “Se actúa de forma muy permisiva, sobre todo por las noches y los fines de semana”, destaca. En este sentido, pide mayor disponibilidad de agentes como ocurre cuando se celebra un partido en Riazor.
Al margen de esta advertencia al Ayuntamiento, los comerciantes insisten en que son los más perjudicados por las restricciones. Mientras, los vecinos se quejan de que no hay plazas disponibles para todos en el ámbito interior del barrio. n











