Reportaje | Una historia de amor entre insectos, donde todos bailan y los espectadores también

Es la primera vez que la compañía se viste de insectos
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Se abre el telón y aparece el Circo del Sol siendo vida, naturaleza con pies en un Coliseo en versión navideña, del 21 al 30 de diciembre con paradas los días 24, 25 y 26. Los canadienses regresan con un espectáculo que, según uno de sus protagonistas, Gerry Regitschnig, es ideal para masticar en familia. Con 50 artistas, más sus suplentes y un equipo técnico adosado a los trailers junto con el personal de la administración, la acrobacia tiene casa de nuevo en esta punta del mapa. 

Aquí serán mariposas que vuelan alto, hormigas que mueven kiwis gigantes y hasta mazorcas de maíz con patas. El bailarín es austriaco, pero vive en Bilbao con su familia. Lleva desde 1992 trabajando con ellos cuando lo ficharon en Las Vegas. Con “Ovo” es la segunda temporada que viaja, “una compañía increíble, dice en su perfecto castellano, la fórmula una del circo”. 

Del repertorio, señala que el resto están más dirigidos al espectador adulto, pero que este es perfecto para los niños también porque “es una historia de insectos, que viven dentro de una fauna muy chula” y a la vez “una historia de amor entre Lady Pug (una mariquita) y Foreigner, (una mosca). Yo soy el jefe de la comunidad, que controlo a todos los bichos”. 


Desde su puesto de mando, aprueba que se enamoren, “después está la otra historia, la del gran huevo que trae Foreigner”. Un secreto, del que no desvela ni un ápice, tampoco de los números más increíbles para que la sorpresa sea mayúscula y nadie lo sepa de antemano. En un montaje donde las cucarachas son músicos y el escarabajo se alía con el trapecio, Gerry destaca el momento de los saltamontes y el trampolín por la rapidez de los saltos, pero, sobre todo, el guiño que le hace “Ovo” a los payasos. Y es que los protagonistas y él lo son. Los tres se visten de colores para ponerle magia al romance. 

Es la primera vez que el Circo del Sol saca insectos a la palestra, “son muy llamativos”, y la acción se reboza con proyecciones en la pantalla y percusión porque “muchos temas son de Brasil como la directora”.
Gerry vive con su familia bordeando el Nervión. Tiene dos niñas que van a verle en gira cuando pueden. Dice que eso le da pilas para continuar con el show por el mundo. Es una semana por ciudad, o lo que es lo mismo, en un mes conquista cuatro puntos del mapamundi y esto da como resultado 300 espectáculos al año. Le encanta Santiago y su festival de payasos y asegura sin titubear que el español es el mejor de los públicos porque “lo vive”. En la época de descanso, sus pequeñas le piden que sea contorsionista, “todo el día haciendo acrobacias”. “Ovo” es muy importante porque el corazón de niños de los padres y madres se acelera. A golpe de boda y confeti, de celebración. Y todos los invitados bailan. Los espectadores también.

Reportaje | Una historia de amor entre insectos, donde todos bailan y los espectadores también